jueves, 15 de marzo de 2018

Lavaredo Ultra Trail (LUT) 2017

En 2017, mi carrera del año fue Lavaredo Ultra Trail (LUT). Carrera de 118km y desnivel +5800m que parte de Cortina D´Ampezzo y recorre lugares emblemáticos de las Dolomitas. Es una de las carreras del Ultra Trail World Tour (UTWT).


La preparación este año ha sido mucho menor comparada con años anteriores, debido a que en Navidades llegó mi primer hijo, Carlos. Por eso, prácticamente la preparación se basó en carreras oficiales: Trail Mt Cheaha 50km (Alabama, USA), Trail de la Primavera 65km (Bélgica) y Hexentanz Ultratrail 110km (der Harz, Alemania).

Me desplacé desde Colonia, Alemania, a Cortina D´Ampezzo con mis padres, mi mujer Marichu y el pequeño Carlos. Primero en tren hasta Múnich, y allí alquilamos un coche por pareja haciendo noche en Garmisch-Partenkirchen. Mis padres aprovecharon para subir al pico más alto de Alemania, el Zugspitze (2962m).

En la cima del Zugspitze, 2962m

Una vez en Cortina en realidad nos alojamos en una casa a 30minutos del pueblo, en San Vito di Cadore. El tiempo era agradable pero nos decían que todas las tardes caía una tormenta muy fuerte durante 30 minutos o una hora. Y así fue excepto el día anterior a la carrera, que llovió toda la noche.


Tras recoger el dorsal, visitar la feria del corredor y comer en Cortina, el día de la carrera volvimos a nuestro alojamiento a dormir la siesta (o al menos intentarlo :) ) ya que la carrera empezaba a las 23:00. Algo similar hice para el UTMB, pero esta vez la siesta no resultó tan profunda ni larga.

Me fui con mi padre y mi madre en el coche a Cortina unas dos horas antes del pistoletazo de salida. El ambiente era el de las grandes carreras. El centro del pueblo a rebosar, música, las palabras del comentarista, entrevistas a favoritos, fotos con mis padres para el recuerdo...Hacía bastante buen tiempo. Llega la hora. Silencio. Suena Ennio Morricone (El Bueno, el Feo y el Malo), qué momento y qué canción! Sensaciones a flor de piel. Nervios...Y empieza la carrera!!


Voy grabando la salida del pueblo, saludo a mis padres, y nos adentramos en la oscuridad iluminada por frontales. Son 1500 corredores por lo que el ritmo no es el que uno quiere. Paciencia. Se irá estirando el pelotón. Desde el principio la cosa pica bastante hacia arriba así que tiro de bastones y me pongo a correr y a caminar, según el tramo. Me encuentro cómodo de ritmo pero incómodo de sensaciones. Pensé que sería sólo el principio pero no. Me doy cuenta que ya he empezado la carrera cansado. Es tarde y creo que no he descansado bien ese día. La siesta no fue buena y lo estoy notando.



Tras una subida de +600m empieza una bajada de sendero con algunas raíces de árbol peligrosas. Tengo que estar muy atento porque ese cansancio que tengo no quiero que se traduzca en una mala pisada y retorcerme un tobillo. Llegamos al primer avituallamiento, Ospitale (km18, 2h10m). Voy en la posición 294 de los 1500 starters. Está muy bien! Sin embargo sigo incómodo, cansado. Recupero fuerzas y sigo con calma sabiendo que toca una gran subida al Forc Son Forca (2200m). Una subida larga y ya de madrugada. Va haciendo cada vez más frío a medida que subimos así que decido parar a ponerme una segunda capa. De paso, enciendo mi MP3 con la idea de buscar un revulsivo a mi estado de cansancio, ya que la comida del avituallamiento no cambió mucho en mí. Recuerdo la gran ayuda que me dió la música en el UTMB y pienso en algo similar...

Efectivamente! Primera canción, suena Felpeyu "Tierra", me llegan buenos recuerdos de fiestas de verano en Asturias hace muchos años, y resurjo cual Ave Fénix. Ni geles, ni barritas! Una buena canción que despierte las neuronas es la mejor terapia! Me siento con fuerzas y acabo la subida a buen ritmo y empiezo a descender. Sigo por el Passo Tri Croci y bajo hasta el siguiente avituallamiento de Federavecchia (km33, 4h14m).



Desde ahí empieza una larga subida, con una zona llana de descanso por el medio alrededor del impresionante Lago Misurina (más impresionante si coincide con el amanecer, como me sucedió a mí), cuyo objetivo es el punto más emblemático de la carrera, a la vez que el punto más alto, el Refugio de Auronzo y las Tres Cimas de Lavaredo. Esta parte de la carrera es impresionante. Ya desde el lago se puede ver cómo el sol va iluminando Lavaredo. Los paisajes son auténticos Patrimonio de la Humanidad. La subida hasta el refugio es muy dura. Hay que parar a descansar varias veces. Pero es una parte inolvidable para el corredor y amante de la montaña.



En el refugio de Auronzo (km50, 2333m) hace mucho frío. Entro en el avituallamiento a tomar sopa caliente y algo de embutido. Saco fotos hacia todos los lados. Las piernas ya están fatigadas de la paliza. Pero hay que seguir para no coger frío. Desde ahí empieza una larga bajada que será recuperadora. Además cada vez calienta más el sol y la temperatura se hace muy agradable.


Tras una larga bajada de casi 1000m y un falso llano llego al avituallamiento de Cimabanche (km66, 9h22m). Allí me esperan mis padres. Es el ecuador de la carrera. Son las 8 y pico de la mañana y este encuentro me recarga los ánimos. Llevaba desde el Refugio de Auronzo pensando en ello y, como siempre, fue una gran motivación y ayuda. Sin duda no disfruto lo mismo en las carreras sin el apoyo familiar, ni tengo tanta fuerza psicológica para seguir.

En Cimabanche me cambio de ropa con lo que había dejado preparado a mis padres. Como. Bebo. Voy a buen ritmo. Estoy en la posición 233, guau...mejor de lo que esperaba!! Tras charlar con ellos de los altibajos de la noche, retomo el camino pensando que a lo mejor puedo verlos de nuevo en el siguiente punto. Ellos deben dar un buen rodeo con el coche pero quizás lleguen...


A partir de Cimabanche empieza otra carrera. La carrera de día. La carrera con el sol pegando fuerte. Paso a la manga corta, a la gorra, y con mis Hoka ATR Challenger y mis bastones empiezo a subir a Forc. Lerosa. Es una subida de unos 500m, pero con el solazo y el cansancio acumulado me entra la primera gran pájara. Veo cómo me pasan los corredores con los que compartí casi todo el camino hasta ahora. Tengo que parar a refrescarme en el riachuelo. Más adelante tengo que sentarme porque estoy mareado. Como un poco más. Casi termino con el agua. Afortunadamente cerca de la cima un avituallamiento extraoficial ofrece agua que me da la vida.Ya sólo queda la bajada. Con calma para no retorcerme un tobillo, ya que me encuentro débil, troto hacia el siguiente valle hasta Malga Ra Stua (km76, 11h31m). Más de 2 horas para apenas 10km!



En Malga Ra Stua están de nuevo mis padres, que alegría! Me notan la pájara. Me tomo con calma esta parada porque tengo que recuperar antes de enfocar lo que parecía la parte más difícil de la carrera. Hablo con ellos y recupero el ánimo. El calor aprieta aún más. Estamos a casi 35 grados.


El siguiente tramo hasta el Refugio Col Gallina, con una subida de unos 1000m al Forc. Col del Bos por el medio, supone el tramo más duro por las condiciones del día, el terreno, y mi ya deteriorado estado físico. En este tramo vi a corredores retirarse. Vi a corredores beber de riachuelos porque ya habían acabado el agua (yo entre ellos!). Y vi paisajes impresionantes. Un buen tramo se recorrió por terreno de piedra, entre altas montañas, en el que no había ninguna sombra, tan sólo se cruzaban riachuelos. Se me acabó el agua en un momento dado y, aunque desde bien pequeño me enseñaron que no debo beber de los ríos (y no lo hago), aquí tuve que hacerlo por pura deshidratación, con la suerte de que no me entró ningún contratiempo en el estómago. Precisamente en este tramo parece ser que el corredor élite Pau Capell, que estaba corriendo para ganar, tuvo que beber del riachuelo y más adelante en el Refugio Col Gallina abandonó por encontrarse indispuesto y tener incluso la visión borrosa!

Tras beber del río continúo la subida en fila junto a los demás. Llegamos a un punto con una fuente (Malga Travenanzes, km89). Un buen grupo descansa aquí con agua fresca y recupera fuerzas. Es una zona más verde, menos rocosa que antes, y con más sombras. Hago cima en el Col del Bos y saco unas fotos al impresionante paisaje de las Dolomitas, con las Cinco Torres detrás de mí.


Tras bajar un rato volvemos a subir para pasar por un antiguo poblado de piedra hecho en la montaña por el ejército durante la Primera Guerra Mundial. Impresionante! Estas subidas marcadas en el mapa de la carrera como pequeños dientes de sierra las infravaloré y se me hicieron más largas de la cuenta. Son duras y no son tan cortas, cuidado con eso!

Desde ese poblado ya se ve el Refugio de Col Gallina. Voy a ver otra vez a mis padres y, posiblemente, a Marichu y a Carlos también, ya que llegaré a una hora normal. Qué bien! Abajo!


A Col de Gallina (km94, 15h38m) llego el 249. Me saco fotos con los cuatro fans que me esperan :) Les cuento el calvario del último tramo. Ya no sé si los volveré a ver hasta meta. No puedo parar mucho para no enfriar así que tras una buena dosis de familia y comida, continúo.

El siguiente tramo es una subida que sigue una pista de esquí, por lo que es muy vertical y zigzaguea mucho. Hay que tomarla con calma. Para mí no fue tan dura porque la peor pájara ya había pasado, y no me exigí más de la cuenta. Antes de llegar arriba un chico me pide un gel energético, me enseña que tiene la barriga hinchada y que no es capaz de tragar la comida y va a intentarlo con el gel. Le dije que tuviese cuidado y sigo.

Tras llegar a la cima, el Refugio Averau (km97, 17h05m), se pasa por una zona sube-baja de camino con piedras antes de enfocar una subida relativamente corta pero muy dura y vertical que me machacó psicológicamente, la subida a Forc Giau. Además las nubes y los truenos que llevamos un rato escuchando se encuentran ya encima de nosotros, y empieza a lloviznar y a enfriar arriba.

Es importante destacar que eché mucho de menos no haber reconocido el terreno previamente, sobre todo para el entrenamiento psicológico. Noté la diferencia con respecto al UTMB, por ejemplo, donde reconocí 2/3 del camino antes de la carrera. Saber lo que te va a venir marca la diferencia, aunque sufras lo mismo físicamente.

Desde Forc Giau, donde me pongo la chaqueta impermeable, ya sólo queda bajar..."sólo"...una bajada de casi 15km y más de 1000m de desnivel que me destroza los cuádriceps que me quedaban. Hay zona de piedras, zona de tierra suelta muy vertical, asfalto...

Ya se ve Cortina D´Ampezzo, entramos en las calles y se oye la megafonía al fondo. Voy a terminar esta gran aventura con paisajes de ensueño y con un tiempo que no me esperaba.

Entro en la calle principal. La llegada me recuerda a la de Chamonix. Voy saludando a ambos lados a todo el mundo que me anima. Me emociono. Veo a Marichu que me da a Carlos para entrar con él los últimos metros y...¡conseguido! Finalmente fueron 20h y 24m para acabar en la posición 240. Qué gran final rodeado de los míos. Otra carrera de las Top que he podido terminar, sufrir y disfrutar!




sábado, 14 de enero de 2017

Leadville LT100: "I commit! I won´t quit!" (2016)


La gran carrera de 2016, tras ser afortunado en la lotería que hay para conseguir plaza junto a mi hermano Carlos, fue la mítica y legendaria Leadville LT100.


La preparación durante 2016 fue muy aceptable, con buenos tiempos en cuatro ultras (Bel Monte Endurance Race 50 miles, Ultra Trail de Barcelona 100K, Gran Trail de Courmayeur 90K y Süntel Trail 50K), y una lesión grave que me tuvo parado todo el mes de mayo.

El viaje lo preparamos con tiempo ya que es muy difícil encontrar alojamiento, finalmente Carlos y yo nos alojamos en una habitación en casa de una familia lugareña a través de Airbnb. Nuestros vuelos llegaban a Denver y desde allí alquilamos un coche para llegar a Leadville.

Durante los días de aclimatación ya en Leadville preparamos una crónica pre-carrera para “Carreras de Montaña”, aquí el enlace a la crónica, donde describimos un poco las sensaciones y lo que nos espera.

Han pasado 5 dias en Leadville y parece que nos hemos acostumbrado a la altitud, al menos no tenemos dolor de cabeza. Además hemos hecho 4 días antes de la carrera, y como excursión de montaña, la subida de Twin Lakes a Hope Pass para reconocer el terreno y ayudar a aclimatarnos. También otra excursión por el Colorado Trail donde estuvimos varias horas a 3500m sin mayores problemas.

 Carlos y Lorenzo en Hope Pass summit, 4 días antes de la carrera LT100


Eso sí, cuando salimos a trotar un par de veces por Leadville, notamos que nuestro ritmo "cómodo" es ahora más lento, estamos más agitados. Esto nos avisa de lo que pasará en carrera. Hay que correr con cabeza.

El viernes 19 asistimos al briefing obligatorio donde Ken Chlouber (el fundador de la carrera) y su equipo nos actualizan con la previsión del tiempo, nos avisan de los peligros médicos de la carrera y Ken nos arenga con sus frases famosas y nos hace levantarnos del asiento para hacer una promesa: "I commit! I won´t quit!".
Carlos y Lorenzo en la recogida de dorsales con Tim Olson, recordman de la Western States Endurance Run

Por la tarde llevamos al punto de recogida las bolsas con nuestro material de apoyo que encontraremos en los avituallamientos que hemos decidido en nuestra estrategia. En este caso, una en Fish Hatchery (milla 24 y 76), otra en Twin Lakes (milla 39.5 y 60.5), y por si acaso, una bolsa con unos pocos articulos en Winfield (milla 50), mitad de carrera.

Llega el sábado, el despertador suena a las 2am. Los nervios no permiten dormir mucho de todas formas. Todo preparado. Atrás quedan esos largos entrenamientos. Esa colaboración en casa, sin el apoyo de nuestras mujeres sería imposible llegar aquí. Esas lesiones, esos masajes recuperadores, esos tratamientos mágicos en la Clínica Fisiolab, nuestro gran aliado en los problemas físicos, sin duda un acierto si vives en Madrid.  Tras desayunar vamos andando a la salida en el centro de Leadville junto con otros dos corredores que se alojan donde nosotros y con quien hicimos amistad. Hace frío, 3 grados. Un montón de frontales alumbran mientras la gente intenta no estar quieta. Dan las 4am, pistoletazo y empieza la carrera!

 Carlos y Lorenzo con nuestros compañeros de alojamiento y aventura, Stephan y Casey, antes de la salida


Intentamos coger nuestro ritmo, hay mucha gente y la falta de oxígeno agita nuestra respiración. Nos lleva unos kilómetros encontrarnos cómodos. Afortunadamente el terreno no es muy exigente. Es carretera y, en general, tiende hacia abajo. Además el ambiente nos impulsa. Le digo a mi hermano Carlos que afloje un poco, no porque no podamos ir a ese ritmo cómodamente, sino porque hay que reservar fuerzas.

Entramos en un camino estrecho que bordea el lago Turquoise, la temperatura aun baja más y pasan más de dos horas hasta que empieza a amanecer. Ese tramo lo hacemos con frontal y hay que tener mucho cuidado con las raíces de los árboles para no retorcerse un tobillo.
Llegamos al primer avituallamiento, May Queen Aid Station (milla 13.5), tras 2h 7min . Nos encontramos bien. Empieza a amanecer y apagamos los frontales. Parece que hace aún más frío. Rellenamos bidones, comemos algo y continuamos. La salida del avituallamiento es especial, Carlos me dice que se emociona y todo, sólo los yanquis viven estas cosas de esa manera…con todo el frío y el madrugón (aún menos de las 7a.m.) la gente se sienta a ambos lados del camino, incluso con tiendas de campaña, toman su café caliente envueltos en mantas y no paran de animar a los corredores, pancartas incluídas. Me recuerda a un ascenso mítico del Tour de Francia. Sólo con eso merece la pena haber venido!




Desde May Queen empieza una subida larga a Sugar Loaf. Primero un tramo de bosque con algunos sube-bajas y luego una pista y un camino por donde sube un 4x4. Habíamos leído tantas cosas de la dureza de la subida a Sugar Loaf que estábamos con miedo, pero la verdad que no resultó para tanto. Ya sea porque aún había fuerzas en esa parte, o porque las durezas de las carreras en América son distintas a las europeas, pero fue agradable. También es verdad que fuimos andando la mayor parte, incluso cuando en una carrera más corta, es una subida poco técnica y tendida que invita claramente a correr.

Desde Sugar Loaf Pass (11071ft, milla 18), empieza la famosa bajada de Powerline (el tendido eléctrico). Sale en los vídeos y las típicas fotos de la carrera así que nos paramos a hacer una foto y un vídeo. Nos encontramos bien y viviendo cada momento a tope, es increíble estar en las Montañas Rocosas y en la famosa carrera de Leadville!

La famosa cuesta de Powerline

Llegamos a Fish Hatchery (milla 24 o Km 40) tras 4h 25min, primer avituallamiento grande donde habíamos dejado una bolsa con ropa, así que nos cambiamos la camiseta, nos secamos, comemos, disfrutamos el ambiente de los espectadores/fans, y seguimos en marcha. A partir de este momento los espectadores, que muchos son familiares y se repiten en cada punto, nos identifican como “los gemelos”, y así quedará ya hasta final de carrera. Aparte de nuestro parecido, vestimos una buena parte de la carrera con la misma ropa, con lo que era fácil identificarnos.


La gran recta que llega a Fish Hatchery, ¿quién no reconoce a Anton Krupicka corriendo este tramo?

Salimos de Fish Hatchery motivados. El ritmo es muy bueno. Se van notando los Km en las piernas tras varias horas, pero el ambiente nos lanza. A partir de ahí hay una zona de llaneo, tanto por carretera como camino, donde  la gente que puede trota (como nosotros), pero otros ya andan más que corren. Vamos adelantando gente y hablando de nuestras cosas y se pasan los Kms. Nos adentramos en zona boscosa. Una pequeña subida y a llanear por una cómoda pista. Hay que aprovechar a correr lo que podamos, eso marcará la diferencia entre llegar a tiempo o pasarlo mal.

Llegamos al avituallamiento de Half Pipe (milla 31) tras 5h 26min, repostaje de comida y bebida. Ahí ya tenemos la cabeza en la importantísima parada de Twin Lakes, ya casi lo tenemos! Pero antes toca una subida por el bosque un poco más larga de lo pensábamos, quizá eran las ganas de llegar. Sufrimos un poco y nos juntamos a un grupito de gente. La bajada a Twin Lakes desde el mini-avituallamiento de Mont Elbert (milla 36.5) es bastante vertiginosa, un camino estrecho con raíces que saltamos estando en pelotón, lo que ayuda para mantener un ritmo. Ya vemos la siguiente parada! Antes nos saludamos con Ramón Sánchez, el otro español que corría este año 2016 en Leadville. Venía recuperándose de unos calambres anteriores y, a la larga, se confirmaría la recuperación con un gran tramo para él entre Twin Lakes, Winfield y vuelta.

Tratamiento de herida en avituallamiento de Twin Lakes

En Twin Lakes (milla 39,5), donde llegamos tras 7h 17min, Carlos pasa por el botiquín. Tiene sangre en una herida en los dedos del pie y hay que curarlo si se quiere acabar esta carrera, no se puede subestimar. En este punto hemos decidido cambiar las zapatillas. Hasta ahora corrimos con las New Balance 1210 V1/V3 Leadville, idóneas para los tramos corribles que pasamos, pero ahora hay que cruzar un río, mojarse los pies, y afrontar la subida y bajada (en los dos sentidos) más dura de la carrera. Queremos dejar las NB Leadville secas y volver a ponerlas a la vuelta. También cogemos los bastones en ese punto.

Salimos frescos de allí, de nuevo nos reconoce bastante gente como “los gemelos”. La subida que afrontamos ahora afortunadamente no nos pillaba de nuevas porque la hicimos 4 días antes durante el periodo de aclimatación. Fue una decisión muy acertada. Tras cruzar el helador río empezamos la subida a Hope Pass con un gracioso cartel del sponsor New Balance que decía “Let the drama for the llama”. 



Paso del río glaciar Lake Creek
 
Vamos subiendo tranquilamente, sin prisa. Esta subida no puede ser de otra manera porque, además del cansancio, tiene 1000m de desnivel y llega hasta 3900m. La falta de oxígeno se nota a medida que asciendes, te mareas un poco y hay que parar a coger aire. Suena peor de lo que es, pero es dura, eso seguro.

Un rato antes de llegar a la cima está el bendito avituallamiento de Hope Pass (11836ft, milla 44,5), donde pasamos tras 9h 55min. No tiene muchas cosas, ya que no es un sitio muy accesible. De hecho, para portar el avituallamiento utilizan las famosas llamas. Vemos allí 20 llamas o más, y por supuesto nos sacamos una foto, qué curioso! Recuperamos fuerzas, ya que nos sentíamos muy débiles tras la subida. Lo suficiente para llegar más enteros a la cima de Hope Pass (12600ft) y coger con ilusión la tremenda bajada a Winfield. El paisaje al otro lado de la cima es diferente, más verde, pero igual de impresionante. Recuerda a los paisajes de las pelis!

 Las famosas llamas de Hope Pass: "Let the Drama for the Llama"


Antes de llegar a las llamas nos cruzamos con el líder de carrera, Max King, muy destacado. Un joven que, para nuestra sorpresa, acabaría en 9ª posición. 25 minutos más tarde pasaba Ian Sharman, más sonriente y saludando a los mortales que aún estábamos sufriendo en la subida. Para cuando llegamos a Hope Pass nos habíamos cruzado con 3 corredores sólo.

El tramo Hope Pass – Winfield es agónico. Estás destrozado de la paliza de haber subido a Hope Pass y piensas que es una corta y dulce bajada hasta la milla 50, pero no. La bajada es un zig-zag muy vertical que deja las rodillas machacadas, y no permite correr mucho al cruzarse con la mayoría de corredores. Además, una vez finalizada esa zona empieza un sube-baja por una zona de bosque que pica para arriba y que acaba de machacarte psicológicamente…donde demonios está Winfield!? Unas dos horas y pico tardamos en ese tramo.



 En Winfield, milla 50


Tras 11h17min estamos en Winfield, milla 50, con la pila totalmente gastada. Hay que recargarla. Estamos allí 30 minutos, bastante tiempo comparado con otros corredores, pero para nosotros lo necesario para afrontar lo que nos queda. En Winfield teníamos otra mochila con cosas “por si acaso”, y viendo el calor que hizo desde Twin Lakes, decidimos refrescarnos y cambiar ropa y calcetines.

Salimos de allí poco a poco tras unas 11h 45min horas desde la salida. Vagamente pienso que si tardásemos 13h15m a la vuelta haríamos un sub-25 y tendríamos una hebilla especial, pero los resultados de años anteriores decían que íbamos con poco margen para esa hazaña.



 Saliendo de Winfield tras 30 minutos, con las pilas recargadas


Esta subida desde Winfield a Hope Pass nos resulta, sorprendentemente y a pesar de ser más vertical, más llevadera que por el otro lado, dentro del calvario que vivíamos. Por un lado ya sabíamos lo que había, y por otro nos la tomamos como una subida de montaña clásica de tantas que hicimos en los Picos de Europa, a un ritmo lento pero constante a través del bosque y luego el zig-zag. Esa visión “montañera clásica” en la que Carlos marcó un excelente ritmo hizo que adelantásemos a muchos corredores, los cuales habían hecho parada más corta en Winfield.

Una vez en la cima de Hope Pass nos crecemos y pensamos que lo peor ya pasó, empezamos el descenso trotando cuando la mayoría de la gente ya no podía hacerlo. Pasamos el avituallamiento de las llamas tras 13h 48min. Volvemos a cruzar el helador río y hacemos la estratégica parada de vuelta en Twin Lakes, milla 60.5, tras 15h 40 min y con las últimas horas de sol, pensando que a partir de ahora será de noche, hará frío, y ya no tenemos más cambios de ropa hasta Fish Hatchery. Así que volvemos a calzarnos las NB Leadville, nos ponemos manga larga, nos ponemos el frontal,  y decidimos seguir con los bastones ya que la ayuda es imprescindible incluso para correr en los llanos.

 En Twin Lakes, tras 15h 40min

Estamos tranquilos, los peores momentos ya pasaron y psicológicamente jamás decaímos. Me sorprende la dureza mental de Carlos, que tuvo un año bastante duro con un hijo recién nacido y un trabajo exigente y no pudo entrenar lo mismo que yo. Pensé que lo iba a pasar peor o incluso a querer dejarlo pero no, y NO en toda la carrera, qué fuerza tenía el tío! De hecho, esta parte entre Twin Lakes y Fish Hatchery trotamos un montón de tiempo cuando la mayoría de la gente no podía. Son más de 100km ya en las piernas y es de noche, se oye a la gente charlar mientras sólo se ve la luz de sus frontales. El ritmo que Carlos impone me ayuda mucho, me hace correr incluso en tramos que no lo hubiese hecho si él no está allí. Impresionante.


Hacemos paradas en los avituallamientos sin duda más largas que la mayoría de corredores americanos, pero a cambio trotamos más en carrera y volvemos a enganchar con ellos o incluso les pasamos. Así iba la cosa muy bien, dosificando las fuerzas, hasta unos kilómetros antes de llegar a Fish Hatchery. Una zona llana de pista y carretera que deberíamos haber corrido pero que se nos hizo imposible. El hombre del mazo llegó de nuevo y decidimos caminar hasta esa parada, milla 76, donde llegamos tras 19h 31min. Al caminar, y con el frío que hacía, llegamos medio tiritando, así que en Fish Hatchery nos sentamos al lado de una de las estufas que tenían y nos tomamos un café calentito. El sueño era otro enemigo que había llegado, y era para quedarse…



Tras el último cambio de ropa y recopilación de fuerzas, sabíamos que “sólo” quedaban 24 millas, unos 40km, con el peligro de que sólo había un avituallamiento en ese tramo que se iba a hacer muy largo y frío, así que cargamos con agua extra y algo más de comida por si acaso. Salimos felices hacia la subida de Powerline (llamada así por el cable de tensión que sigue todo el camino y que se oye en la oscuridad que nos rodeaba) que nos pilló totalmente de sorpresa. Lo vimos muy bonito a la ida sin darnos cuenta de lo que suponía. Por este lado, la subida a Sugarloaf Pass es mucha más dura, mucho más inclinada, y parece no acabarse nunca! No puede ser que nos metan esto después de 125km…No en vano, aquí fue donde el líder destacado con 25 minutos (Max King) se fundió y tuvo que sentarse. El posterior ganador Ian Sharman no daba crédito de verlo en medio de la cuesta descansando, pero tras ofrecerle ayuda continuó hasta la victoria. Max tuvo el pundonor de seguir hasta acabar noveno.

Casi arrastrándonos llegamos a Sugarloaf Pass. El descenso por el otro lado es andando, hay muy pocas fuerzas y es un tramo con mucha piedra suelta perfecta para hacerse un esguince estando con tan pocos reflejos y teniendo tanto sueño. De ahí entramos en el bosque y agonizamos de sueño…no se acaba nunca! Pasan las horas pero no los kilómetros, hasta que por fin alcanzamos May Queen, último avituallamiento en la milla 86.5 y han pasado 23hh 40min desde la salida!

Ahí paramos unos 40 minutos pero nuestra barra de energía se recarga sola pensando lo poco que queda. En ese punto intentamos entrar en calor, ya que hace un frío de la leche. Yo arrastro un dolor de garganta que cogí tan sólo de respirar con tanto frío en las dos noches de carrera. Hablamos un poco con los voluntarios de May Queen que me preguntan si es más duro el Ultra Trail del Mont Blanc (UTMB) o Leadville. Y salimos con la intención de trotar lo más posible. Hasta ahora no habíamos podido pero quedan 13.5 millas sin avituallamiento y caminando puede ser la muerte, así que hay que hacer el último esfuerzo…






Y así es! Carlos pone un ritmo majo de trote a la orilla del lago Turquoise, lo suficiente para ir adelantando más y más corredores. Se hace de día y nos quedan tan sólo 5 millas! El tramo final de camino y carretera se hace muy largo, más de lo esperado, porque además pica hacia arriba y tenemos que caminar, no podemos más.

A 1 km para la meta nos paramos para poner la camiseta personalizada que nos hicimos para la maratón de New York de 2014 con nuestro nombre, debajo “Spain” y debajo las banderas de Asturias y España. Y así entramos en meta. Los dos hermanos-gemelos que la gente reconocía durante toda la carrera estaban acabando iguales…y juntos después de 27 horas y 27 minutos! Impresionante azaña, emocionante…


Ken Chlouber y su eterna compañera de organización, esperan desde la primera edición a todos los corredores, del primer al último, para ponerle su medalla y abrazar a todos, porque todos son héroes. Así, es ella quien nos puso la medalla y nos fundimos Carlos y yo en un abrazo. Épica aventura para recordar toda la vida, inolvidable!!

Luego unas fotos, luego un poco de comida, luego aparece Ken y nos sacamos más fotos con él, y de ahí a casa a descansar un poco antes de la entrega de las hebillas en unas pocas horas.



 Con Ken Chlouber y su compañera en la meta

Finalmente terminamos en la posición 132 y 133 de un total de 340 finalistas, que supusieron el 52% de los corredores que empezaron y, en porcentaje, el más alto de la historia de Leadville LT100!

Impresionante carrera, impresionante mi hermano, inolvidable atmósfera y sensación vividas…

martes, 20 de octubre de 2015

Amsterdam Marathon 2015: El reto de bajar de 3 horas la maratón

El 18 de octubre de 2015 corrí la maratón de Amsterdam. Tras un 2015 concentrado en el trail running que culminó con la Western States Endurance Run, me tomé un buen descanso durante el verano y a mediados de agosto, con 2 meses para preparar la carrera, me puse como objetivo intentar bajar por primera vez de 3 horas en el maratón.


Fue mi maratón número 15. La maratón de Amsterdam está en el Top 10 del Mundo, con una "Gold label Road Race" para la IAAF. Sin embargo, tras todas las maratones corridas por todo el mundo, tienen alguna cosa mejorable en la organización, principalmente el lugar de recogida de dorsal y camisetas, que se queda excesivamente pequeño y se forman unas colas muy largas.


No soy amigo de los planes de entrenamiento, eso lo sabe todo el mundo que me conoce. Cada vez "obedezco" más, pero nunca al 100%. Para este reto me gustó el Plan de Runner´s World y me enganché a la semana 9 de entrenamiento. Aunque el plan es de 5 días de entrenamiento semanales, yo sólo conseguí 2 semanas con 5 días, pero lo que nunca fallé fue lo que considero más importante, los dos días de series. Realmente sufrí mucho más entrenando que el día de la carrera, gracias a eso.

Como parte del entrenamiento conseguí hacer la media maratón de Wesseling en 1h23m16s tres semanas antes de Amsterdam, lo que la teoría dice que hay que hacer. Ahí rebajé en más de 5 minutos mi anterior récord. A dos semanas de la maratón volví a correr una media maratón, la de Colonia, pero esta vez al ritmo al que quería pasar por la media maratón en Amsterdam, 1h28m, y lo clavé. Además yendo en progresión, acabando fuerte y más rápido. Me llené de confianza :)


De Amsterdam temía sobre todo el viento, que tiene fama de ser fuerte y chafarte los planes de carrera, pero nos respetó. Hizo 8-9 grados y algo de lluvia. El recorrido no es el más bonito, no va por el centro de la ciudad por lo que no hay tantos canales, aunque hubo varios de todas formas.


Salí en el primer bloque tras los corredores élite, eso me permitió evitar atascos. Conseguí coger mi ritmo desde el principio. Estuve en torno a 4:05 min/km por mi reloj, perfecto. Iba muy cómodo de respiración, para eso fue el sufrimiento de las series! Qué diferencia! Así, me tenía que contener para no tirar más.


Pasé la media maratón en 1h26m59s, un poco más rápido de lo que esperaba, pero pensé: "Bueno, así tengo más margen para cuando llegue el hombre del mazo". Antes me había tomado un gel en el km 13. Y pude ver a mi mujer en el km 11, 26 y 37. Un lujo!

Cuando pasé por el km 25 me tomé el segundo gel. Seguía bien de ritmo y respiración, y las piernas, aunque un poco tocadas, estaban bien. Empezaban a verse los primeros runners que aprovechaban los avituallamientos para andar un poco, no me esperaba ver eso con este ritmo de carrera!


Llegó el km 30 y veo que sigo manteniendo un buen ritmo, sigo por debajo de 4:10min/km. Fenomenal. Un buen margen para el "Muro". Pero a partir del km 32 las piernas están muy cargadas, empiezan los amagos de calambres en los isquiotibiales, tengo que cambiar la zancada, tengo que bracear más, que respirar más rápido, y tiro más con la cabeza que otra cosa. Se puede ver aquí que no pude mantener el ritmo:
http://www.movescount.com/es/moves/move80527662

Aun así perdí menos de lo que esperaba. Creo que la cabeza tiró de mí lo que no podían las piernas. A 8 km de la meta me doy cuenta que para no bajar de 3 horas (aún mi objetivo) debería ir más lento de 5 min/km, bien!


Tan sólo a falta de 4 km pienso que a lo mejor araño algún minuto más...vaya, pero si puedo llegar en menos de 2h58m...vaya que incluso podría batir 2h57m! Vamos, el último esfuerzo! Acabo en el Estadio Olímpico de Amsterdam sprintando al final porque puedo batir incluso las 2h56m, y así es! Tiempo neto final 2h55min53s. No me lo puedo creer! Conseguí mi objetivo con creces! Qué subidón de emociones...Lo primero, dedicar mi nuevo récord a mi recién nacido sobrino. Luego, pensar qué puede motivarme para seguir corriendo maratones, ya que bajar unos minutos esta marca no me motiva especialmente, pero seguir conociendo nuevas ciudades y nuevos ambientes...SI!



miércoles, 1 de julio de 2015

Western States Endurance Run 2015

La Western States Endurance Run, WSER, WS100 o simplemente WS, es la carrera más antigua que existe de 100 millas (161km) en el mundo, exactamente desde 1974. Parte de Squaw Valley, muy cerca del lago Tahoe, y termina en Auburn, un pueblo que tuvo su esplendor en la época de la búsqueda de oro. El desnivel acumulado es +5500m / -7000m. Para participar en la WSER se necesita terminar una de las carreras calificativas de una selecta lista, algunas en un cierto límite de tiempo. Además de ser afortunado en un sorteo.


Hasta el 2015 sólo 3 españoles la habían terminado, y este año, de golpe, otros 3 españoles lo intentaríamos. Yo soy un amante del deporte, de la montaña, y de viajar. Con ese cocktail intento todos los años descubrir un lugar nuevo, y una carrera distinta. Gracias a haber terminado en 2014 la UTMB, me presenté al sorteo de plazas de la WSER sin ninguna esperanza, pero me tocó.

Mi objetivo primordial era acabar en menos de 30 horas, aunque he de admitir que había entrenado pensando en poder bajar de 24 horas, y los test salieron bien. Siendo conservador, significaba hacer una media de 7km/hora.

Llegué el miércoles 24 de junio por la noche a San Francisco con mis padres, que serían mi equipo de apoyo (Crew) en la carrera, y mi hermano Carlos, que fue mi pacer/liebre las últimas 40 millas (61km). Sólo dos días para ajustarse al cambio horario, que resultó ser poco tiempo al final.

Foto: Con mi Crew y mi Pacer en la salida, 17 horas y 42 minutos antes del pistoletazo.

El día anterior a la carrera fuimos a recoger el dorsal, y escuchar la charla informativa. Se podía ver un ambiente muy profesional, con mucha gente que ya había corrido otras ediciones y en el que no sobraba un gramo de grasa. Allí conocí en persona a Miguel Ángel Casarrubios, el otro español que corría la WSER en 2015 (además de Emma Roca, que estaba entre las favoritas, y que no encontré). Cenamos pronto y a las 20:30 estaba en la cama, ya que el despertador iba a sonar a las 3am. Pero los nervios hicieron que a la 1am ya estuviera despierto.

Foto: Lorenzo Prieto Saiz con Miguel A. Casarrubios, el otro español del pelotón (a excepción de Emma Roca), justo antes de empezar. 

El 27 de junio a las 5am empezó la carrera. La primera subida es la más larga y hasta el punto más alto de la carrera, The Escarpment, por lo que aconsejan tomárselo con calma. Yo subí a ritmo cómodo acorde a los entrenamientos. Para tener una referencia, pregunto a una mujer con la que iba subiendo en cuánto pensaba terminar, y me dijo que iba a intentar en menos de 20 horas. Resultó que era la famosa Nikki Kimball, ganadora de la WSER en 3 ocasiones y que iba a completar su WS número 10, finalmente en algo más de 22 horas. Qué privilegio! Y mi objetivo de 24 horas empieza bien!

En la bajada Nikki se lanza y yo decido ir a mi ritmo, ya que de todas formas iba mejor de lo previsto. El sol empieza a subir y se va notando que ya no corre la brisa. Al llegar a Duncan Canyon, km 38, empiezan a ofrecer esponjas para el cuello en los avituallamientos. Estamos por encima de 30 grados y el calor sofoca.

                 Foto: Tras 3 horas de carrera, a las 7a.m. el calor empieza a apretar

La subida a Robinson Flat (km 48) se convierte en mi primer calvario, el calor me provoca una pájara importante, tengo que bajar mucho el ritmo y llego pálido a este punto donde mis padres y mi hermano me esperaban. A pesar de la pájara llego con unos 20 minutos por delante de la barrera de las 24 horas y en torno a la posición 60 de los 371 corredores que empezaron. En esas posiciones los corredores no paraban a descansar o a comer mucho, una costumbre que ya había visto en videos y los tiempos de años previos. Pero yo decido parar con mi gente y recuperar el color de mi cara, lo que me hace bajar al puesto 90 y algo y con mi primer objetivo de 24 horas justito. Pero no me importaba, lo prioritario era acabar y si seguía así no lo iba a conseguir.

Foto: En Robinson Flat, tras la primera pájara importante. 

Así continué hasta Last Chance (km 69,7), justo antes de los famosos y temidos cañones. Llegué con 3 minutos de adelanto a la barrera de las 24 horas pero el calor había hecho ya mella. A partir de ahí la historia fue otra. Esta parte de la carrera es mítica, pude reconocer en la bajada el lugar en que Kilian Jornet demarró para irse de Anton Krupicka y Geoff Roes en 2010 (os recomiendo ver la peli-documental "Unbreakable"). Crucé el puente recién reconstruido con el cartel de “Límite del Puente: 5 corredores o 3 caballos con sus jinetes”. Tras el puente empezó la subida más dura de mi vida a Devil´s Thumb (qué apropiado, el “Pulgar del Demonio”). Un calor de unos 38 grados acabó mermando mis fuerzas y me encontré mareado. Tenía que parar cada 40-50 metros. Me iban pasando corredores que me preguntaban si necesitaba algo. Seguí subiendo mareado y me empezaron a dar arcadas, me tambaleaba. Me paraba. No me entraba nada en el estómago pero bebía por si era deshidratación, no sabía cómo salir de ahí. Eché de menos los bastones que no dejan llevar en esta carrera. Pensé que no llegaba al avituallamiento, y peor aún, tenía a mis padres y mi hermano que me esperaban en Michigan Bluff y no creía que iba a llegar, qué mal rato! Finalmente las arcadas y el mareo se convirtieron en vómito de más de 1 litro de agua, estaba cerca de la cima. Un médico se acercó y me dijo que si me ayudaba tenían que eliminarme, que intentase llegar al avituallamiento. Ya estaba cerca y lo conseguí. Ahí me dieron sopa y me dijeron que no bebiese agua en un rato. No me entraba nada de comer. Sin duda, si no hubiese sido la Western States 100, y si no hubiese tenido a mi gente esperándome, habría abandonado. Nunca lo pasé tan mal. Pero seguí.

Llegó el segundo cañón, bajada de nuevo hasta el río para subir a Michigan Bluff. Estaba muy débil. No tenía fuerzas ni para correr cuesta abajo! Poco a poco empecé a trotar y en el fondo del río pude comer en el avituallamiento de “El Dorado Creek”. Eso hizo que la segunda subida no fuese tan dolorosa como la primera, sólo tuve que pararme una vez por mareos en el camino.

La llegada a Michigan Bluff marcó un punto de inflexión. Mis padres y mi hermano se asustaron al verme, de hecho no pudieron aguantar la emoción por el sufrimiento que veían en mi cara, afortunadamente no lo mostraron delante de mí para no añadir más a lo que llevaba encima. Me animaron. Realmente lo peor había pasado. Ya no importaban las 24 horas, que ya había perdido. Cada vez veía más bonita la hebilla de bronce, y afortunadamente el margen con las 30 horas me permitía poco más que ir andando el resto de la carrera. Además en breve mi hermano se unía como pacer. Probé a comer un producto semisólido del avituallamiento porque no me entraba ningún gel ni nada sólido, era nuevo para mí, pero resultó sentarme bien. Me dio fuerzas. Tenía que seguir! Lo peor había pasado! En Michigan Bluff llegó el otro español, Miguel Ángel, poco después que yo, también sufriendo en los cañones, y haciendo una carrera soberbia con gran tesón.

 Foto: En Michigan Bluff, tras los fatídicos cañones, intentando coger algo de fuerzas 

Desde allí pude correr de nuevo, seguí comiendo ese producto y llegué decente a Foresthill, km 99,8. “Qué pronto llegas Loren! Y con buena cara!” dicen mis padres. Rápidamente Carlos se prepara para unirse hasta el final como Pacer. Serán 61km, de noche sobre todo, la mayor distancia que él habría hecho. Pero se preparó muy bien este año, y no supuso ningún problema para él las casi 11 horas corriendo. A mí me dio la vida, hablamos, reímos, disfrutamos los pasos míticos y toda la atmósfera de la carrera. Yo no volví a sentirme tan mal como en los cañones, tan sólo las piernas me dolían en aumento, pero qué podía esperar!

Cuando llegamos al famoso río Americano, el paso de Rucky Chucky (km 126), nos emocionamos. Este año se cruzaba el río andando, debido al caudal, en vez de en bote. Aun así nos cubrió el agua hasta la cintura. Un agua fría que ya de noche no se agradecía tanto. Cuando llegamos a Green Gate, nos esperaban nuestros padres y pudimos cambiar de zapatillas y calcetines, un alivio.


                                         Foto: Cruzando el American River, km 126

En general, en todos los avituallamientos paramos más tiempo que la media, y si estaban nuestros padres, aún más. No importaba, el objetivo de bajar de 30 horas parecía asequible y así podíamos disfrutar más tiempo de su compañía. Todo iba bien.

Amaneció poco antes de llegar al cruce de la Autopista 49, avituallamiento del km 150. Antes nos había rellenado los bidones en “Brown´s Bar” el crack Hal Koerner, ganador de la WS100 en 2007 y 2009, que estaba humildemente a las 5am sirviendo a los corredores del pelotón con una sonrisa en la cara. Una pena no tener la cámara a mano! Lo de los voluntarios merece mención aparte. Fue la carrera más atenta que jamás he visto. En todos, todos, los avituallamientos, en cuanto apuntaban tu número llegaba un voluntario a ver qué podía hacer por ti, te cogía los bidones y te los rellenaban a la carta, con lo que dijeses. Te traían comida, esponjas, hielo. Todo hasta que decidías irte. Ni en un hotel de lujo! Chapeau para la organización.

Desde la Autopista 49 hasta la meta me sentí fuerte, algo que también me ocurrió al final del UTMB. Adelantamos varios corredores, cruzamos el legendario “No Hands Bridge” (km 156) con mi hermano marcándome un ritmo no acorde con el momento de la carrera. Última subida. Llegamos a Auburn. Qué emoción, estoy llegando a la pista de atletismo final de la carrera con mi hermano, y mis padres esperando a la entrada de la pista!! Sin palabras. Doy la vuelta a la pista mientras el comentarista habla un poco de mí y recuerda a mi mujer, que sufrió toda la preparación y no pudo venir, y a mi equipo de apoyo. Lo conseguí! 26 horas y 36 minutos después, con 3 kilos menos que en la salida, la hebilla era mía! O más bien…nuestra…gracias familia!!


Video: Últimos segundos de la entrada en meta

En la meta con Gordy Ainsleigh, el fundador de la WSER y pionero de las carreras de 100 millas.

Puesto final: 127 de un total de 371 corredores que empezaron, y 254 que terminaron (el 68,5%).

Con mi hermano y Pacer tras recibir la hebilla de bronce.

La bonita hebilla de bronce