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miércoles, 1 de julio de 2015

Western States Endurance Run 2015

La Western States Endurance Run, WSER, WS100 o simplemente WS, es la carrera más antigua que existe de 100 millas (161km) en el mundo, exactamente desde 1974. Parte de Squaw Valley, muy cerca del lago Tahoe, y termina en Auburn, un pueblo que tuvo su esplendor en la época de la búsqueda de oro. El desnivel acumulado es +5500m / -7000m. Para participar en la WSER se necesita terminar una de las carreras calificativas de una selecta lista, algunas en un cierto límite de tiempo. Además de ser afortunado en un sorteo.


Hasta el 2015 sólo 3 españoles la habían terminado, y este año, de golpe, otros 3 españoles lo intentaríamos. Yo soy un amante del deporte, de la montaña, y de viajar. Con ese cocktail intento todos los años descubrir un lugar nuevo, y una carrera distinta. Gracias a haber terminado en 2014 la UTMB, me presenté al sorteo de plazas de la WSER sin ninguna esperanza, pero me tocó.

Mi objetivo primordial era acabar en menos de 30 horas, aunque he de admitir que había entrenado pensando en poder bajar de 24 horas, y los test salieron bien. Siendo conservador, significaba hacer una media de 7km/hora.

Llegué el miércoles 24 de junio por la noche a San Francisco con mis padres, que serían mi equipo de apoyo (Crew) en la carrera, y mi hermano Carlos, que fue mi pacer/liebre las últimas 40 millas (61km). Sólo dos días para ajustarse al cambio horario, que resultó ser poco tiempo al final.

Foto: Con mi Crew y mi Pacer en la salida, 17 horas y 42 minutos antes del pistoletazo.

El día anterior a la carrera fuimos a recoger el dorsal, y escuchar la charla informativa. Se podía ver un ambiente muy profesional, con mucha gente que ya había corrido otras ediciones y en el que no sobraba un gramo de grasa. Allí conocí en persona a Miguel Ángel Casarrubios, el otro español que corría la WSER en 2015 (además de Emma Roca, que estaba entre las favoritas, y que no encontré). Cenamos pronto y a las 20:30 estaba en la cama, ya que el despertador iba a sonar a las 3am. Pero los nervios hicieron que a la 1am ya estuviera despierto.

Foto: Lorenzo Prieto Saiz con Miguel A. Casarrubios, el otro español del pelotón (a excepción de Emma Roca), justo antes de empezar. 

El 27 de junio a las 5am empezó la carrera. La primera subida es la más larga y hasta el punto más alto de la carrera, The Escarpment, por lo que aconsejan tomárselo con calma. Yo subí a ritmo cómodo acorde a los entrenamientos. Para tener una referencia, pregunto a una mujer con la que iba subiendo en cuánto pensaba terminar, y me dijo que iba a intentar en menos de 20 horas. Resultó que era la famosa Nikki Kimball, ganadora de la WSER en 3 ocasiones y que iba a completar su WS número 10, finalmente en algo más de 22 horas. Qué privilegio! Y mi objetivo de 24 horas empieza bien!

En la bajada Nikki se lanza y yo decido ir a mi ritmo, ya que de todas formas iba mejor de lo previsto. El sol empieza a subir y se va notando que ya no corre la brisa. Al llegar a Duncan Canyon, km 38, empiezan a ofrecer esponjas para el cuello en los avituallamientos. Estamos por encima de 30 grados y el calor sofoca.

                 Foto: Tras 3 horas de carrera, a las 7a.m. el calor empieza a apretar

La subida a Robinson Flat (km 48) se convierte en mi primer calvario, el calor me provoca una pájara importante, tengo que bajar mucho el ritmo y llego pálido a este punto donde mis padres y mi hermano me esperaban. A pesar de la pájara llego con unos 20 minutos por delante de la barrera de las 24 horas y en torno a la posición 60 de los 371 corredores que empezaron. En esas posiciones los corredores no paraban a descansar o a comer mucho, una costumbre que ya había visto en videos y los tiempos de años previos. Pero yo decido parar con mi gente y recuperar el color de mi cara, lo que me hace bajar al puesto 90 y algo y con mi primer objetivo de 24 horas justito. Pero no me importaba, lo prioritario era acabar y si seguía así no lo iba a conseguir.

Foto: En Robinson Flat, tras la primera pájara importante. 

Así continué hasta Last Chance (km 69,7), justo antes de los famosos y temidos cañones. Llegué con 3 minutos de adelanto a la barrera de las 24 horas pero el calor había hecho ya mella. A partir de ahí la historia fue otra. Esta parte de la carrera es mítica, pude reconocer en la bajada el lugar en que Kilian Jornet demarró para irse de Anton Krupicka y Geoff Roes en 2010 (os recomiendo ver la peli-documental "Unbreakable"). Crucé el puente recién reconstruido con el cartel de “Límite del Puente: 5 corredores o 3 caballos con sus jinetes”. Tras el puente empezó la subida más dura de mi vida a Devil´s Thumb (qué apropiado, el “Pulgar del Demonio”). Un calor de unos 38 grados acabó mermando mis fuerzas y me encontré mareado. Tenía que parar cada 40-50 metros. Me iban pasando corredores que me preguntaban si necesitaba algo. Seguí subiendo mareado y me empezaron a dar arcadas, me tambaleaba. Me paraba. No me entraba nada en el estómago pero bebía por si era deshidratación, no sabía cómo salir de ahí. Eché de menos los bastones que no dejan llevar en esta carrera. Pensé que no llegaba al avituallamiento, y peor aún, tenía a mis padres y mi hermano que me esperaban en Michigan Bluff y no creía que iba a llegar, qué mal rato! Finalmente las arcadas y el mareo se convirtieron en vómito de más de 1 litro de agua, estaba cerca de la cima. Un médico se acercó y me dijo que si me ayudaba tenían que eliminarme, que intentase llegar al avituallamiento. Ya estaba cerca y lo conseguí. Ahí me dieron sopa y me dijeron que no bebiese agua en un rato. No me entraba nada de comer. Sin duda, si no hubiese sido la Western States 100, y si no hubiese tenido a mi gente esperándome, habría abandonado. Nunca lo pasé tan mal. Pero seguí.

Llegó el segundo cañón, bajada de nuevo hasta el río para subir a Michigan Bluff. Estaba muy débil. No tenía fuerzas ni para correr cuesta abajo! Poco a poco empecé a trotar y en el fondo del río pude comer en el avituallamiento de “El Dorado Creek”. Eso hizo que la segunda subida no fuese tan dolorosa como la primera, sólo tuve que pararme una vez por mareos en el camino.

La llegada a Michigan Bluff marcó un punto de inflexión. Mis padres y mi hermano se asustaron al verme, de hecho no pudieron aguantar la emoción por el sufrimiento que veían en mi cara, afortunadamente no lo mostraron delante de mí para no añadir más a lo que llevaba encima. Me animaron. Realmente lo peor había pasado. Ya no importaban las 24 horas, que ya había perdido. Cada vez veía más bonita la hebilla de bronce, y afortunadamente el margen con las 30 horas me permitía poco más que ir andando el resto de la carrera. Además en breve mi hermano se unía como pacer. Probé a comer un producto semisólido del avituallamiento porque no me entraba ningún gel ni nada sólido, era nuevo para mí, pero resultó sentarme bien. Me dio fuerzas. Tenía que seguir! Lo peor había pasado! En Michigan Bluff llegó el otro español, Miguel Ángel, poco después que yo, también sufriendo en los cañones, y haciendo una carrera soberbia con gran tesón.

 Foto: En Michigan Bluff, tras los fatídicos cañones, intentando coger algo de fuerzas 

Desde allí pude correr de nuevo, seguí comiendo ese producto y llegué decente a Foresthill, km 99,8. “Qué pronto llegas Loren! Y con buena cara!” dicen mis padres. Rápidamente Carlos se prepara para unirse hasta el final como Pacer. Serán 61km, de noche sobre todo, la mayor distancia que él habría hecho. Pero se preparó muy bien este año, y no supuso ningún problema para él las casi 11 horas corriendo. A mí me dio la vida, hablamos, reímos, disfrutamos los pasos míticos y toda la atmósfera de la carrera. Yo no volví a sentirme tan mal como en los cañones, tan sólo las piernas me dolían en aumento, pero qué podía esperar!

Cuando llegamos al famoso río Americano, el paso de Rucky Chucky (km 126), nos emocionamos. Este año se cruzaba el río andando, debido al caudal, en vez de en bote. Aun así nos cubrió el agua hasta la cintura. Un agua fría que ya de noche no se agradecía tanto. Cuando llegamos a Green Gate, nos esperaban nuestros padres y pudimos cambiar de zapatillas y calcetines, un alivio.


                                         Foto: Cruzando el American River, km 126

En general, en todos los avituallamientos paramos más tiempo que la media, y si estaban nuestros padres, aún más. No importaba, el objetivo de bajar de 30 horas parecía asequible y así podíamos disfrutar más tiempo de su compañía. Todo iba bien.

Amaneció poco antes de llegar al cruce de la Autopista 49, avituallamiento del km 150. Antes nos había rellenado los bidones en “Brown´s Bar” el crack Hal Koerner, ganador de la WS100 en 2007 y 2009, que estaba humildemente a las 5am sirviendo a los corredores del pelotón con una sonrisa en la cara. Una pena no tener la cámara a mano! Lo de los voluntarios merece mención aparte. Fue la carrera más atenta que jamás he visto. En todos, todos, los avituallamientos, en cuanto apuntaban tu número llegaba un voluntario a ver qué podía hacer por ti, te cogía los bidones y te los rellenaban a la carta, con lo que dijeses. Te traían comida, esponjas, hielo. Todo hasta que decidías irte. Ni en un hotel de lujo! Chapeau para la organización.

Desde la Autopista 49 hasta la meta me sentí fuerte, algo que también me ocurrió al final del UTMB. Adelantamos varios corredores, cruzamos el legendario “No Hands Bridge” (km 156) con mi hermano marcándome un ritmo no acorde con el momento de la carrera. Última subida. Llegamos a Auburn. Qué emoción, estoy llegando a la pista de atletismo final de la carrera con mi hermano, y mis padres esperando a la entrada de la pista!! Sin palabras. Doy la vuelta a la pista mientras el comentarista habla un poco de mí y recuerda a mi mujer, que sufrió toda la preparación y no pudo venir, y a mi equipo de apoyo. Lo conseguí! 26 horas y 36 minutos después, con 3 kilos menos que en la salida, la hebilla era mía! O más bien…nuestra…gracias familia!!


Video: Últimos segundos de la entrada en meta

En la meta con Gordy Ainsleigh, el fundador de la WSER y pionero de las carreras de 100 millas.

Puesto final: 127 de un total de 371 corredores que empezaron, y 254 que terminaron (el 68,5%).

Con mi hermano y Pacer tras recibir la hebilla de bronce.

La bonita hebilla de bronce

lunes, 15 de septiembre de 2014

Ultra-Trail du Mont Blanc (UTMB) 2014

El 30 de agosto de 2014, a las 17:30h, partí de Chamonix (Francia) en la 11ª edición de la UTMB, un ultratrail de 166km y 9600m de desnivel positivo.



Para conseguir la inscripción necesité acumular 7 puntos entre 2012 y 2013 en carreras calificativas según la organización. En mi caso fueron: los 104km de la Calcenada-Vuelta al Moncayo 2012 (3 puntos), los 42km del Trail du Gypaète 2013 (1 punto) y los 80km con 5500m D+ del Ultra Trail del Lago D´Orta 2013 (3 puntos). Tras eso, pude participar en la lotería de plazas de enero 2014 en equipo, junto a mi amigo Ramón, y tuvimos suerte y nos tocó. Finalmente él no pudo ir y me tocó afrontar la carrera sólo, aunque afortunadamente al final no estuve "sólo". 

Tuve el mejor equipo de apoyo/fans: Viajé a Chamonix con mi mujer, Marichu, mi hermano Carlos y mis padres, que no se podían perder este evento ya que son fervientes montañeros, conocedores expertos de los Picos de Europa (entre otros) y que habían hecho recientemente el Tour del Mont Blanc en 7 días, además de haber subido al Mont Blanc sin rodearlo :) Os invito a seguir sus aventuras, rutas, tracks para el GPS y mucho más en MontesdeAsturias.com. Aunque todos ellos pudieron verme, animarme, abrazarme y acompañarme un poco en varios puntos, sólo uno podía ser el "Asistente", el que me daba la ropa en los puntos que se permitía y el que me dio los masajes salvadores, ese fue Carlos.


Hay dos cosas que considero fueron imprescindibles para poder acabar esta aventura, una fue haber ido a reconocer el terreno en dos ocasiones durante el verano (una vez para hacer los 77km de Chamonix-Courmayeur, y otra para hacer los 45km de Courmayeur-Champex Lac) con lo que conocí 2/3 de la carrera. La otra fue el apoyo de mi gente, realmente me dieron fuerzas en los momentos de penuria, tanto porque saber que estaban me animaba a ir al siguiente punto de control, como por la parte técnica, los cambios de ropa y calzado, y los masajes regeneradores. 

Empezó la carrera y empezó a llover en Chamonix (1036m). La gente se puso los chubasqueros (o mejor dicho, chaquetas impermeables y transpirables) pensando que sería pasajero, pero no, esa lluvia fue a más y duró hasta el km 31, Les Contamines, lo que fueron para mí casi 5 horas (4h43m), y las 2 últimas ya de noche. Por el medio la subida a Le Delevret (1739m) de unos 800m que había que tomar con calma por todo lo que venía, y que se subestima por ser la primera, pero es larga y larga...


En Les Contamines fue el primero punto donde vi a toda mi gente...¡qué alegría! Estaba calado hasta los huesos, esa lluvia no había impermeable que pudiese con ella (los milagros con esto no existen), y le dije a Carlos que me quería cambiar toda la ropa, y eso incluyó ropa interior, por supuesto! No me importaba el tiempo de carrera (no me importó en toda la carrera, sólo quería terminarla), miraba el reloj para ver que tenía margen con la barrera horaria, y cuando me acerqué a 1 hora de ella, me fui. Salí de allí seco, enfocando una nueva carrera. No me imagino seguir desde allí con la ropa mojada toda la noche...uff... Paró de llover. Empezaba una noche larga. A mi "crew" no los volvería a ver hasta la mañana siguiente en Courmayeur.


Continuamos hacia el Refugio de Croix Bonhomme (2439m) pasando por La Balme. Una subida dura, pero hacía relativamente buen tiempo (aunque hubo que ponerse la segunda capa) y el haber hecho ese tramo entrenando ayuda mucho. LLego al punto de control de Les Chapieux tras 9h30m y 49km, con 1h45m sobre la barrera horaria. Bien. Hemos recortado. Vamos bien!


Ahora queda una parte muy dura, quizá la más dura, recuerdo lo que me costó el día que la hice entrenando. Lo peor creo que es la combinación de los dos siguientes picos, la Col de la Seigne (2507m) porque parece que nunca se acaba la subida, y la Arête du Mont-Favre (2409m) porque las piernas están muy hinchadas de la anterior y los más de 400m de ésta no te los esperas. En mi caso, el bajón psicológico ya me había dado entrenando, así que me esperaba pasarlo mal y me lo tomé con calma. Fue mejor, pero sufrí igualmente mucho. Entre las dos subidas amaneció, estaba en Lac Combal (1970m). Unas vistas impresionantes del Mont Blanc desde el Arête du Mont-Favre fue la mejor manera de "empezar" el día.


Tras sentarme a descansar y sacarme unas fotos, me dispongo a enfocar la bajada a Courmayeur (1192m), km 77. Suena mi móvil. Era un SMS de Carlos diciendo que ya estaban todos esperándome en Courmayeur. Subidón! Salen fuerzas de la reserva y voy hacia abajo. El tramo de las escaleras justo antes de llegar al pueblo es matador! No debe ser muy bueno para las articulaciones a esas alturas de carrera. El padre de Kilian Jornet aparece entre los árboles sacando fotos.


Tras 16h llego al polideportivo de Courmayeur  (1224m/ km77) donde me estaban esperando todos. Se me debe notar en la cara el cansancio de toda la noche. Dudo realmente si podré subir al Refugio Bertone, pero lo primero es descansar, comer, cambiarme de ropa, y disfrutar de la compañía.


Hace buen día y me visto en modo verano, paso a manga corta, pantalón corto, cambio de zapatillas y calcetines. Como un plato de pasta. Me echo de nuevo vaselina en las zonas de roce. Mi hermano nota que tengo los cuádriceps como piedras y me da una masaje. Él no es masajista pero para mí, en ese momento, es el mejor del mundo. Me desbloquea la hinchazón y cojo ánimos. Me tomo un café (no tuve sueño en toda la noche, pero el bajón puede llegar en cualquier momento). Estoy preparado para seguir. Paso un rato con Marichu y mis padres, que no pueden pasar a la zona "técnica", y tras más de una hora (pero siempre mirando tener 1 hora de margen mínimo con la barrera horaria) salgo de nuevo y quedo con ellos en Arnuva.


Nada más salir de Courmayeur hay una subida de casi 800m hasta el refugio Bertone (1979m). Voy andando y me apoyo en los bastones. El calor empieza a apretar. Hablo con un gaditano y nos entretenemos hasta que no hay fuerzas más que para dar un paso adelante. Me empieza a doler un poco la parte interior de la rodilla izquierda, noto un pequeño pinchazo, pero no le doy importancia. Al llegar al refugio se acaba la parte sombreada por los árboles y el sol pega muy fuerte, parece increíble la lluvia que cayó al comienzo de la carrera. Me tengo que bajar la cremallera de la camiseta hasta el final y echarme agua por el cogote. Me pongo la visera y sigo por un terreno más o menos llano hasta el refugio Bonatti (2015m), propicio para correr, pero la subida anterior me dejó sin fuerzas y apenas puedo hacerlo. Además, el dolor en la rodilla va en aumento y cuando la toco me duele.


En el refugio Bonatti me intento refrescar otra vez por el cuello...qué calor! Y qué pocas fuerzas! En cada punto de avituallamiento me alimento bien, no dejo pasar una aunque no tenga hambre. El próximo punto es Arnuva (1786m), allí me esperan de nuevo todos. La fatiga y el bochorno casi me vence pero me alegró pensar que les veía en un rato, y consigo trotar hasta allí. Llego a las 15:15 a Arnuva, después de 21h45m en las piernas, tengo un margen de 2 horas con la barrera horaria, así que tengo una hora para estar con ellos.


La llegada a Arnuva fue uno de los momentos más emotivos de la carrera. Mi madre se adelantó unos metros y fue la primera persona que veo no corredora en la zona. Empieza a corear mi nombre a gritos, se emociona, me emociono, el resto de la gente empieza a decir mi nombre y animarme también...uff...poco después está el resto de mi gente, y me detengo con ellos un buen rato. Eso fue mejor que cualquier avituallamiento (y eso que allí no me pueden dar nada, no es un punto para el Asistente!).

En Arnuva me duele ya bastante la rodilla, cada vez que la doblo me duele más. Voy a los asistentes sanitarios que me ponen una venda y me dan 1 gramo de Paracetamol para el dolor (será dopping?). Cuando les pregunto si es el menisco me dicen que no, que es fatiga de la rodilla, y que con 95km en las piernas no es una sorpresa. Jeje...


Desde Arnuva, si todo va bien, ya no vuelvo a ver a Marichu, Carlos, papá y mamá hasta Champex-Lac. Eso son casi 30 km, ya por la noche. Ahora toca afrontar una dura subida de más de 700m hasta el punto más alto de la carrera, el Grand Col Ferret (2490m), que marca la frontera con Suiza. Empiezo a andar y la rodilla me duele a rabiar, tras enfriar en la parada cuesta ponerse en marcha. Y lo que me preocupa más, podré terminar con esta rodilla así?


Sorprendentemente, tras calentarla, me encuentro con muchas fuerzas y subo muy bien, adelantando gente incluso. ¡Ya estoy en Suiza! Aprovecho el momento de fuerzas y el buen estado del camino para correr cuesta abajo, y llego a La Fouly (1600m, km108) a buen ritmo tras 25h 39m. Vuelvo a recortar el tiempo que pasé con el médico y familia y me sobran 2h20m sobre la barrera.



Continúo hacia Champex-Lac y se hace de noche. La subida de unos 4km previa al lago son muy engañosos. Afortunadamente yo lo había hecho (y sufrido) en mi segundo entrenamiento en la zona y me acordaba de la pájara que me había entrado. Es que nunca se acaba y viendo el perfil, engaña!

Llego a Champex-Lac (1465m / km 122) tras 29 horas y con 3 h de margen sobre el tiempo límite. Ahí ceno una sopa de fideos, embutido, frutos secos, etc. Me cambio de ropa. La rodilla en todo este trayecto la noté pero sin ser un dolor excesivo. Me tomo otro gramo de paracetamol para el dolor. Intento dormir y me echo en un banco mientras mi hermano me masajea las piernas. No lo consigo.




Estoy cansado pero hay ruido y quizá el propio cansancio también me lo impide. Mi mujer se cuela en la zona de Asistencia, jeje, mientras saludo a mis padres que están fuera sacándome fotos. Tras el descanso vuelvo al camino, al último tercio, a la zona desconocida para mí y la que me decían los corredores durante toda la carrera que es la que hay que temer por su dureza. Camino unos minutos con mi gente. Menuda carrera ellos también, apenas habían dormido 3  horas en todo lo que llevábamos! Aquí Carlos...


Esta segunda noche se me hizo muy dura. La primera subida hasta La Giète (1884m) dura casi 3 horas, sin descanso. Demasiado para las fuerzas que me quedan. Se veía un reguero de luces en la oscuridad cuando miraba hacia arriba, pero tenía que doblar demasiado el cuello, no podía ser verdad...Para colmo mi rodilla parecía que había dicho basta. La subida tenía mucho escalón, mucha piedra grande, y no podía doblarla. Tenía que hacer el impulso con la otra pierna y la mala mantenerla casi recta, qué dolor!! Iba casi cojeando. Simplemente seguía y sufría para que se acabase esa parte.

Llegué a Trient (1303m / km139) tras casi 34h y media, otra vez con 3 horas de margen. Allí me esperaban Marichu y Carlos, ya que mis padres tuvieron que ir a dormir un poco. Pasé por el doctor y me dio otro gramo de paracetamol (3 gramos ya!), no había mucho más que hacer. Me senté a comer con ellos y la rodilla me dolía a rabiar. Luego intenté dormir, ya que tenía sueño, y al tumbarme no podía estirar esa pierna de dolor.  La cara de mi hermano reflejaba la preocupación de la que yo quizá no era consciente. No pude dormir. Un masaje de Marichu, unos ánimos de los dos, y vuelta al camino.


La siguiente subida de 700m a Catogne (2009m) la recuerdo por el sueño que me entró. El terreno no tenía piedras grandes, no había que doblar la rodilla tanto y me venía mejor, pero tenía tanto sueño que me llegué a tambalear a los lados, algo que había visto en otros runners la primera noche y pensé que no podía ser posible, pero sí. Me apoyaba en los bastones, cerraba los ojos unos segundos, me dormía un poco, y seguía. Otra laaarga subida hasta el amanecer (menos mal!). Con la llegada del sol comenzó la bajada y espabilé un poco. Pude trotar, excepto en los pasos algo más técnicos cuando no podía apoyarme sobre la rodilla izquierda. Finalmente llegué a Vallorcine (1263m / km149) donde veo a los cuatro todavía desde lo alto. De nuevo todos! Han pasado más de 38h y tengo 2h 30m de margen para descansar y hablar. Como mientras Carlos me masajea, le digo que tengo que intentar dormir, que me despierte a los 15min, y me siento con la cabeza apoyada en la mesa. Parece que me dormí 7 minutos, ni más, ni menos, pero esos "microsueños" me resultaron revitalizadores!

Salgo de allí bastante despierto. Me tomo un gel que creo que me salvó la vida luego. Vuelvo a ver a mi gente 4 km más tarde en la Col des Montets, un punto de paso accesible al público pero que no tenía avituallamiento ni nada, simplemente es el punto de partida para la temida subida a la Tête aux Vents (2116m).


Todo el mundo me habló horrores de esa subida durante la carrera. Se veía un zigzag en la montaña y una línea de runners con sus últimas fuerzas afrontándola. Son casi 900m de subida desde Vallorcine en tan sólo 8 km!



No sé si fueron los microsueños, o el gel que me tomé, o los ánimos de mi gente, o saber que era el último gran esfuerzo, o todo, pero realmente no tuve muchos problemas en esta parte final de la carrera hasta Chamonix. Adelanté bastante gente en la subida. La rodilla me dolía pero lo tenía asumido. Me encontraba con fuerzas. Y una vez arriba, intenté trotar lo más posible en la bajada final, me sentía fuerte!


Seguí adelantando gente de ahí hasta la meta, más de 100 personas desde Vallorcine! Al entrar en Chamonix, una mezcla de sensaciones me invadió tras toda esta aventura. Quería ver a mi gente otra vez, y quería bajar de 43 horas, no como objetivo inicial, que era sólo terminar, si no porque quedaban pocos minutos para esa meta y parecía factible.

Entre la multitud de gente animando en Chamonix, veo a Marichu, a mi madre, mi padre y a Carlos, todos gritando, sacando fotos y vídeos. Se ponen a correr conmigo, mi padre me sigue grabando desde atrás y el resto toma un atajo hacia la meta y les veo ya entrando. Entro con todos...qué emoción! Lo conseguí!! 42 horas y 55 minutos. Increíble!!!

Aquí se ven mis cuatro acompañantes...


Así fue la carrera, o como yo la llamo, la aventura más inolvidable que he hecho hasta ahora, y no veo nada fácil superarlo. Ya llevo varias maratones y ultras por todo el mundo, tanto de asfalto como de trail, pero lo vivido estos dos días, teniendo a mi gente cerca y siendo parte de la hazaña, es difícil de repetir. Esta Epoyeya fue gracias a todo el grupo...GRACIAS...XXX