sábado, 14 de enero de 2017

Leadville LT100: "I commit! I won´t quit!" (2016)


La gran carrera de 2016, tras ser afortunado en la lotería que hay para conseguir plaza junto a mi hermano Carlos, fue la mítica y legendaria Leadville LT100.


La preparación durante 2016 fue muy aceptable, con buenos tiempos en cuatro ultras (Bel Monte Endurance Race 50 miles, Ultra Trail de Barcelona 100K, Gran Trail de Courmayeur 90K y Süntel Trail 50K), y una lesión grave que me tuvo parado todo el mes de mayo.

El viaje lo preparamos con tiempo ya que es muy difícil encontrar alojamiento, finalmente Carlos y yo nos alojamos en una habitación en casa de una familia lugareña a través de Airbnb. Nuestros vuelos llegaban a Denver y desde allí alquilamos un coche para llegar a Leadville.

Durante los días de aclimatación ya en Leadville preparamos una crónica pre-carrera para “Carreras de Montaña”, aquí el enlace a la crónica, donde describimos un poco las sensaciones y lo que nos espera.

Han pasado 5 dias en Leadville y parece que nos hemos acostumbrado a la altitud, al menos no tenemos dolor de cabeza. Además hemos hecho 4 días antes de la carrera, y como excursión de montaña, la subida de Twin Lakes a Hope Pass para reconocer el terreno y ayudar a aclimatarnos. También otra excursión por el Colorado Trail donde estuvimos varias horas a 3500m sin mayores problemas.

 Carlos y Lorenzo en Hope Pass summit, 4 días antes de la carrera LT100


Eso sí, cuando salimos a trotar un par de veces por Leadville, notamos que nuestro ritmo "cómodo" es ahora más lento, estamos más agitados. Esto nos avisa de lo que pasará en carrera. Hay que correr con cabeza.

El viernes 19 asistimos al briefing obligatorio donde Ken Chlouber (el fundador de la carrera) y su equipo nos actualizan con la previsión del tiempo, nos avisan de los peligros médicos de la carrera y Ken nos arenga con sus frases famosas y nos hace levantarnos del asiento para hacer una promesa: "I commit! I won´t quit!".
Carlos y Lorenzo en la recogida de dorsales con Tim Olson, recordman de la Western States Endurance Run

Por la tarde llevamos al punto de recogida las bolsas con nuestro material de apoyo que encontraremos en los avituallamientos que hemos decidido en nuestra estrategia. En este caso, una en Fish Hatchery (milla 24 y 76), otra en Twin Lakes (milla 39.5 y 60.5), y por si acaso, una bolsa con unos pocos articulos en Winfield (milla 50), mitad de carrera.

Llega el sábado, el despertador suena a las 2am. Los nervios no permiten dormir mucho de todas formas. Todo preparado. Atrás quedan esos largos entrenamientos. Esa colaboración en casa, sin el apoyo de nuestras mujeres sería imposible llegar aquí. Esas lesiones, esos masajes recuperadores, esos tratamientos mágicos en la Clínica Fisiolab, nuestro gran aliado en los problemas físicos, sin duda un acierto si vives en Madrid.  Tras desayunar vamos andando a la salida en el centro de Leadville junto con otros dos corredores que se alojan donde nosotros y con quien hicimos amistad. Hace frío, 3 grados. Un montón de frontales alumbran mientras la gente intenta no estar quieta. Dan las 4am, pistoletazo y empieza la carrera!

 Carlos y Lorenzo con nuestros compañeros de alojamiento y aventura, Stephan y Casey, antes de la salida


Intentamos coger nuestro ritmo, hay mucha gente y la falta de oxígeno agita nuestra respiración. Nos lleva unos kilómetros encontrarnos cómodos. Afortunadamente el terreno no es muy exigente. Es carretera y, en general, tiende hacia abajo. Además el ambiente nos impulsa. Le digo a mi hermano Carlos que afloje un poco, no porque no podamos ir a ese ritmo cómodamente, sino porque hay que reservar fuerzas.

Entramos en un camino estrecho que bordea el lago Turquoise, la temperatura aun baja más y pasan más de dos horas hasta que empieza a amanecer. Ese tramo lo hacemos con frontal y hay que tener mucho cuidado con las raíces de los árboles para no retorcerse un tobillo.
Llegamos al primer avituallamiento, May Queen Aid Station (milla 13.5), tras 2h 7min . Nos encontramos bien. Empieza a amanecer y apagamos los frontales. Parece que hace aún más frío. Rellenamos bidones, comemos algo y continuamos. La salida del avituallamiento es especial, Carlos me dice que se emociona y todo, sólo los yanquis viven estas cosas de esa manera…con todo el frío y el madrugón (aún menos de las 7a.m.) la gente se sienta a ambos lados del camino, incluso con tiendas de campaña, toman su café caliente envueltos en mantas y no paran de animar a los corredores, pancartas incluídas. Me recuerda a un ascenso mítico del Tour de Francia. Sólo con eso merece la pena haber venido!




Desde May Queen empieza una subida larga a Sugar Loaf. Primero un tramo de bosque con algunos sube-bajas y luego una pista y un camino por donde sube un 4x4. Habíamos leído tantas cosas de la dureza de la subida a Sugar Loaf que estábamos con miedo, pero la verdad que no resultó para tanto. Ya sea porque aún había fuerzas en esa parte, o porque las durezas de las carreras en América son distintas a las europeas, pero fue agradable. También es verdad que fuimos andando la mayor parte, incluso cuando en una carrera más corta, es una subida poco técnica y tendida que invita claramente a correr.

Desde Sugar Loaf Pass (11071ft, milla 18), empieza la famosa bajada de Powerline (el tendido eléctrico). Sale en los vídeos y las típicas fotos de la carrera así que nos paramos a hacer una foto y un vídeo. Nos encontramos bien y viviendo cada momento a tope, es increíble estar en las Montañas Rocosas y en la famosa carrera de Leadville!

La famosa cuesta de Powerline

Llegamos a Fish Hatchery (milla 24 o Km 40) tras 4h 25min, primer avituallamiento grande donde habíamos dejado una bolsa con ropa, así que nos cambiamos la camiseta, nos secamos, comemos, disfrutamos el ambiente de los espectadores/fans, y seguimos en marcha. A partir de este momento los espectadores, que muchos son familiares y se repiten en cada punto, nos identifican como “los gemelos”, y así quedará ya hasta final de carrera. Aparte de nuestro parecido, vestimos una buena parte de la carrera con la misma ropa, con lo que era fácil identificarnos.


La gran recta que llega a Fish Hatchery, ¿quién no reconoce a Anton Krupicka corriendo este tramo?

Salimos de Fish Hatchery motivados. El ritmo es muy bueno. Se van notando los Km en las piernas tras varias horas, pero el ambiente nos lanza. A partir de ahí hay una zona de llaneo, tanto por carretera como camino, donde  la gente que puede trota (como nosotros), pero otros ya andan más que corren. Vamos adelantando gente y hablando de nuestras cosas y se pasan los Kms. Nos adentramos en zona boscosa. Una pequeña subida y a llanear por una cómoda pista. Hay que aprovechar a correr lo que podamos, eso marcará la diferencia entre llegar a tiempo o pasarlo mal.

Llegamos al avituallamiento de Half Pipe (milla 31) tras 5h 26min, repostaje de comida y bebida. Ahí ya tenemos la cabeza en la importantísima parada de Twin Lakes, ya casi lo tenemos! Pero antes toca una subida por el bosque un poco más larga de lo pensábamos, quizá eran las ganas de llegar. Sufrimos un poco y nos juntamos a un grupito de gente. La bajada a Twin Lakes desde el mini-avituallamiento de Mont Elbert (milla 36.5) es bastante vertiginosa, un camino estrecho con raíces que saltamos estando en pelotón, lo que ayuda para mantener un ritmo. Ya vemos la siguiente parada! Antes nos saludamos con Ramón Sánchez, el otro español que corría este año 2016 en Leadville. Venía recuperándose de unos calambres anteriores y, a la larga, se confirmaría la recuperación con un gran tramo para él entre Twin Lakes, Winfield y vuelta.

Tratamiento de herida en avituallamiento de Twin Lakes

En Twin Lakes (milla 39,5), donde llegamos tras 7h 17min, Carlos pasa por el botiquín. Tiene sangre en una herida en los dedos del pie y hay que curarlo si se quiere acabar esta carrera, no se puede subestimar. En este punto hemos decidido cambiar las zapatillas. Hasta ahora corrimos con las New Balance 1210 V1/V3 Leadville, idóneas para los tramos corribles que pasamos, pero ahora hay que cruzar un río, mojarse los pies, y afrontar la subida y bajada (en los dos sentidos) más dura de la carrera. Queremos dejar las NB Leadville secas y volver a ponerlas a la vuelta. También cogemos los bastones en ese punto.

Salimos frescos de allí, de nuevo nos reconoce bastante gente como “los gemelos”. La subida que afrontamos ahora afortunadamente no nos pillaba de nuevas porque la hicimos 4 días antes durante el periodo de aclimatación. Fue una decisión muy acertada. Tras cruzar el helador río empezamos la subida a Hope Pass con un gracioso cartel del sponsor New Balance que decía “Let the drama for the llama”. 



Paso del río glaciar Lake Creek
 
Vamos subiendo tranquilamente, sin prisa. Esta subida no puede ser de otra manera porque, además del cansancio, tiene 1000m de desnivel y llega hasta 3900m. La falta de oxígeno se nota a medida que asciendes, te mareas un poco y hay que parar a coger aire. Suena peor de lo que es, pero es dura, eso seguro.

Un rato antes de llegar a la cima está el bendito avituallamiento de Hope Pass (11836ft, milla 44,5), donde pasamos tras 9h 55min. No tiene muchas cosas, ya que no es un sitio muy accesible. De hecho, para portar el avituallamiento utilizan las famosas llamas. Vemos allí 20 llamas o más, y por supuesto nos sacamos una foto, qué curioso! Recuperamos fuerzas, ya que nos sentíamos muy débiles tras la subida. Lo suficiente para llegar más enteros a la cima de Hope Pass (12600ft) y coger con ilusión la tremenda bajada a Winfield. El paisaje al otro lado de la cima es diferente, más verde, pero igual de impresionante. Recuerda a los paisajes de las pelis!

 Las famosas llamas de Hope Pass: "Let the Drama for the Llama"


Antes de llegar a las llamas nos cruzamos con el líder de carrera, Max King, muy destacado. Un joven que, para nuestra sorpresa, acabaría en 9ª posición. 25 minutos más tarde pasaba Ian Sharman, más sonriente y saludando a los mortales que aún estábamos sufriendo en la subida. Para cuando llegamos a Hope Pass nos habíamos cruzado con 3 corredores sólo.

El tramo Hope Pass – Winfield es agónico. Estás destrozado de la paliza de haber subido a Hope Pass y piensas que es una corta y dulce bajada hasta la milla 50, pero no. La bajada es un zig-zag muy vertical que deja las rodillas machacadas, y no permite correr mucho al cruzarse con la mayoría de corredores. Además, una vez finalizada esa zona empieza un sube-baja por una zona de bosque que pica para arriba y que acaba de machacarte psicológicamente…donde demonios está Winfield!? Unas dos horas y pico tardamos en ese tramo.



 En Winfield, milla 50


Tras 11h17min estamos en Winfield, milla 50, con la pila totalmente gastada. Hay que recargarla. Estamos allí 30 minutos, bastante tiempo comparado con otros corredores, pero para nosotros lo necesario para afrontar lo que nos queda. En Winfield teníamos otra mochila con cosas “por si acaso”, y viendo el calor que hizo desde Twin Lakes, decidimos refrescarnos y cambiar ropa y calcetines.

Salimos de allí poco a poco tras unas 11h 45min horas desde la salida. Vagamente pienso que si tardásemos 13h15m a la vuelta haríamos un sub-25 y tendríamos una hebilla especial, pero los resultados de años anteriores decían que íbamos con poco margen para esa hazaña.



 Saliendo de Winfield tras 30 minutos, con las pilas recargadas


Esta subida desde Winfield a Hope Pass nos resulta, sorprendentemente y a pesar de ser más vertical, más llevadera que por el otro lado, dentro del calvario que vivíamos. Por un lado ya sabíamos lo que había, y por otro nos la tomamos como una subida de montaña clásica de tantas que hicimos en los Picos de Europa, a un ritmo lento pero constante a través del bosque y luego el zig-zag. Esa visión “montañera clásica” en la que Carlos marcó un excelente ritmo hizo que adelantásemos a muchos corredores, los cuales habían hecho parada más corta en Winfield.

Una vez en la cima de Hope Pass nos crecemos y pensamos que lo peor ya pasó, empezamos el descenso trotando cuando la mayoría de la gente ya no podía hacerlo. Pasamos el avituallamiento de las llamas tras 13h 48min. Volvemos a cruzar el helador río y hacemos la estratégica parada de vuelta en Twin Lakes, milla 60.5, tras 15h 40 min y con las últimas horas de sol, pensando que a partir de ahora será de noche, hará frío, y ya no tenemos más cambios de ropa hasta Fish Hatchery. Así que volvemos a calzarnos las NB Leadville, nos ponemos manga larga, nos ponemos el frontal,  y decidimos seguir con los bastones ya que la ayuda es imprescindible incluso para correr en los llanos.

 En Twin Lakes, tras 15h 40min

Estamos tranquilos, los peores momentos ya pasaron y psicológicamente jamás decaímos. Me sorprende la dureza mental de Carlos, que tuvo un año bastante duro con un hijo recién nacido y un trabajo exigente y no pudo entrenar lo mismo que yo. Pensé que lo iba a pasar peor o incluso a querer dejarlo pero no, y NO en toda la carrera, qué fuerza tenía el tío! De hecho, esta parte entre Twin Lakes y Fish Hatchery trotamos un montón de tiempo cuando la mayoría de la gente no podía. Son más de 100km ya en las piernas y es de noche, se oye a la gente charlar mientras sólo se ve la luz de sus frontales. El ritmo que Carlos impone me ayuda mucho, me hace correr incluso en tramos que no lo hubiese hecho si él no está allí. Impresionante.


Hacemos paradas en los avituallamientos sin duda más largas que la mayoría de corredores americanos, pero a cambio trotamos más en carrera y volvemos a enganchar con ellos o incluso les pasamos. Así iba la cosa muy bien, dosificando las fuerzas, hasta unos kilómetros antes de llegar a Fish Hatchery. Una zona llana de pista y carretera que deberíamos haber corrido pero que se nos hizo imposible. El hombre del mazo llegó de nuevo y decidimos caminar hasta esa parada, milla 76, donde llegamos tras 19h 31min. Al caminar, y con el frío que hacía, llegamos medio tiritando, así que en Fish Hatchery nos sentamos al lado de una de las estufas que tenían y nos tomamos un café calentito. El sueño era otro enemigo que había llegado, y era para quedarse…



Tras el último cambio de ropa y recopilación de fuerzas, sabíamos que “sólo” quedaban 24 millas, unos 40km, con el peligro de que sólo había un avituallamiento en ese tramo que se iba a hacer muy largo y frío, así que cargamos con agua extra y algo más de comida por si acaso. Salimos felices hacia la subida de Powerline (llamada así por el cable de tensión que sigue todo el camino y que se oye en la oscuridad que nos rodeaba) que nos pilló totalmente de sorpresa. Lo vimos muy bonito a la ida sin darnos cuenta de lo que suponía. Por este lado, la subida a Sugarloaf Pass es mucha más dura, mucho más inclinada, y parece no acabarse nunca! No puede ser que nos metan esto después de 125km…No en vano, aquí fue donde el líder destacado con 25 minutos (Max King) se fundió y tuvo que sentarse. El posterior ganador Ian Sharman no daba crédito de verlo en medio de la cuesta descansando, pero tras ofrecerle ayuda continuó hasta la victoria. Max tuvo el pundonor de seguir hasta acabar noveno.

Casi arrastrándonos llegamos a Sugarloaf Pass. El descenso por el otro lado es andando, hay muy pocas fuerzas y es un tramo con mucha piedra suelta perfecta para hacerse un esguince estando con tan pocos reflejos y teniendo tanto sueño. De ahí entramos en el bosque y agonizamos de sueño…no se acaba nunca! Pasan las horas pero no los kilómetros, hasta que por fin alcanzamos May Queen, último avituallamiento en la milla 86.5 y han pasado 23hh 40min desde la salida!

Ahí paramos unos 40 minutos pero nuestra barra de energía se recarga sola pensando lo poco que queda. En ese punto intentamos entrar en calor, ya que hace un frío de la leche. Yo arrastro un dolor de garganta que cogí tan sólo de respirar con tanto frío en las dos noches de carrera. Hablamos un poco con los voluntarios de May Queen que me preguntan si es más duro el Ultra Trail del Mont Blanc (UTMB) o Leadville. Y salimos con la intención de trotar lo más posible. Hasta ahora no habíamos podido pero quedan 13.5 millas sin avituallamiento y caminando puede ser la muerte, así que hay que hacer el último esfuerzo…






Y así es! Carlos pone un ritmo majo de trote a la orilla del lago Turquoise, lo suficiente para ir adelantando más y más corredores. Se hace de día y nos quedan tan sólo 5 millas! El tramo final de camino y carretera se hace muy largo, más de lo esperado, porque además pica hacia arriba y tenemos que caminar, no podemos más.

A 1 km para la meta nos paramos para poner la camiseta personalizada que nos hicimos para la maratón de New York de 2014 con nuestro nombre, debajo “Spain” y debajo las banderas de Asturias y España. Y así entramos en meta. Los dos hermanos-gemelos que la gente reconocía durante toda la carrera estaban acabando iguales…y juntos después de 27 horas y 27 minutos! Impresionante azaña, emocionante…


Ken Chlouber y su eterna compañera de organización, esperan desde la primera edición a todos los corredores, del primer al último, para ponerle su medalla y abrazar a todos, porque todos son héroes. Así, es ella quien nos puso la medalla y nos fundimos Carlos y yo en un abrazo. Épica aventura para recordar toda la vida, inolvidable!!

Luego unas fotos, luego un poco de comida, luego aparece Ken y nos sacamos más fotos con él, y de ahí a casa a descansar un poco antes de la entrega de las hebillas en unas pocas horas.



 Con Ken Chlouber y su compañera en la meta

Finalmente terminamos en la posición 132 y 133 de un total de 340 finalistas, que supusieron el 52% de los corredores que empezaron y, en porcentaje, el más alto de la historia de Leadville LT100!

Impresionante carrera, impresionante mi hermano, inolvidable atmósfera y sensación vividas…

martes, 20 de octubre de 2015

Amsterdam Marathon 2015: El reto de bajar de 3 horas la maratón

El 18 de octubre de 2015 corrí la maratón de Amsterdam. Tras un 2015 concentrado en el trail running que culminó con la Western States Endurance Run, me tomé un buen descanso durante el verano y a mediados de agosto, con 2 meses para preparar la carrera, me puse como objetivo intentar bajar por primera vez de 3 horas en el maratón.


Fue mi maratón número 15. La maratón de Amsterdam está en el Top 10 del Mundo, con una "Gold label Road Race" para la IAAF. Sin embargo, tras todas las maratones corridas por todo el mundo, tienen alguna cosa mejorable en la organización, principalmente el lugar de recogida de dorsal y camisetas, que se queda excesivamente pequeño y se forman unas colas muy largas.


No soy amigo de los planes de entrenamiento, eso lo sabe todo el mundo que me conoce. Cada vez "obedezco" más, pero nunca al 100%. Para este reto me gustó el Plan de Runner´s World y me enganché a la semana 9 de entrenamiento. Aunque el plan es de 5 días de entrenamiento semanales, yo sólo conseguí 2 semanas con 5 días, pero lo que nunca fallé fue lo que considero más importante, los dos días de series. Realmente sufrí mucho más entrenando que el día de la carrera, gracias a eso.

Como parte del entrenamiento conseguí hacer la media maratón de Wesseling en 1h23m16s tres semanas antes de Amsterdam, lo que la teoría dice que hay que hacer. Ahí rebajé en más de 5 minutos mi anterior récord. A dos semanas de la maratón volví a correr una media maratón, la de Colonia, pero esta vez al ritmo al que quería pasar por la media maratón en Amsterdam, 1h28m, y lo clavé. Además yendo en progresión, acabando fuerte y más rápido. Me llené de confianza :)


De Amsterdam temía sobre todo el viento, que tiene fama de ser fuerte y chafarte los planes de carrera, pero nos respetó. Hizo 8-9 grados y algo de lluvia. El recorrido no es el más bonito, no va por el centro de la ciudad por lo que no hay tantos canales, aunque hubo varios de todas formas.


Salí en el primer bloque tras los corredores élite, eso me permitió evitar atascos. Conseguí coger mi ritmo desde el principio. Estuve en torno a 4:05 min/km por mi reloj, perfecto. Iba muy cómodo de respiración, para eso fue el sufrimiento de las series! Qué diferencia! Así, me tenía que contener para no tirar más.


Pasé la media maratón en 1h26m59s, un poco más rápido de lo que esperaba, pero pensé: "Bueno, así tengo más margen para cuando llegue el hombre del mazo". Antes me había tomado un gel en el km 13. Y pude ver a mi mujer en el km 11, 26 y 37. Un lujo!

Cuando pasé por el km 25 me tomé el segundo gel. Seguía bien de ritmo y respiración, y las piernas, aunque un poco tocadas, estaban bien. Empezaban a verse los primeros runners que aprovechaban los avituallamientos para andar un poco, no me esperaba ver eso con este ritmo de carrera!


Llegó el km 30 y veo que sigo manteniendo un buen ritmo, sigo por debajo de 4:10min/km. Fenomenal. Un buen margen para el "Muro". Pero a partir del km 32 las piernas están muy cargadas, empiezan los amagos de calambres en los isquiotibiales, tengo que cambiar la zancada, tengo que bracear más, que respirar más rápido, y tiro más con la cabeza que otra cosa. Se puede ver aquí que no pude mantener el ritmo:
http://www.movescount.com/es/moves/move80527662

Aun así perdí menos de lo que esperaba. Creo que la cabeza tiró de mí lo que no podían las piernas. A 8 km de la meta me doy cuenta que para no bajar de 3 horas (aún mi objetivo) debería ir más lento de 5 min/km, bien!


Tan sólo a falta de 4 km pienso que a lo mejor araño algún minuto más...vaya, pero si puedo llegar en menos de 2h58m...vaya que incluso podría batir 2h57m! Vamos, el último esfuerzo! Acabo en el Estadio Olímpico de Amsterdam sprintando al final porque puedo batir incluso las 2h56m, y así es! Tiempo neto final 2h55min53s. No me lo puedo creer! Conseguí mi objetivo con creces! Qué subidón de emociones...Lo primero, dedicar mi nuevo récord a mi recién nacido sobrino. Luego, pensar qué puede motivarme para seguir corriendo maratones, ya que bajar unos minutos esta marca no me motiva especialmente, pero seguir conociendo nuevas ciudades y nuevos ambientes...SI!



miércoles, 1 de julio de 2015

Western States Endurance Run 2015

La Western States Endurance Run, WSER, WS100 o simplemente WS, es la carrera más antigua que existe de 100 millas (161km) en el mundo, exactamente desde 1974. Parte de Squaw Valley, muy cerca del lago Tahoe, y termina en Auburn, un pueblo que tuvo su esplendor en la época de la búsqueda de oro. El desnivel acumulado es +5500m / -7000m. Para participar en la WSER se necesita terminar una de las carreras calificativas de una selecta lista, algunas en un cierto límite de tiempo. Además de ser afortunado en un sorteo.


Hasta el 2015 sólo 3 españoles la habían terminado, y este año, de golpe, otros 3 españoles lo intentaríamos. Yo soy un amante del deporte, de la montaña, y de viajar. Con ese cocktail intento todos los años descubrir un lugar nuevo, y una carrera distinta. Gracias a haber terminado en 2014 la UTMB, me presenté al sorteo de plazas de la WSER sin ninguna esperanza, pero me tocó.

Mi objetivo primordial era acabar en menos de 30 horas, aunque he de admitir que había entrenado pensando en poder bajar de 24 horas, y los test salieron bien. Siendo conservador, significaba hacer una media de 7km/hora.

Llegué el miércoles 24 de junio por la noche a San Francisco con mis padres, que serían mi equipo de apoyo (Crew) en la carrera, y mi hermano Carlos, que fue mi pacer/liebre las últimas 40 millas (61km). Sólo dos días para ajustarse al cambio horario, que resultó ser poco tiempo al final.

Foto: Con mi Crew y mi Pacer en la salida, 17 horas y 42 minutos antes del pistoletazo.

El día anterior a la carrera fuimos a recoger el dorsal, y escuchar la charla informativa. Se podía ver un ambiente muy profesional, con mucha gente que ya había corrido otras ediciones y en el que no sobraba un gramo de grasa. Allí conocí en persona a Miguel Ángel Casarrubios, el otro español que corría la WSER en 2015 (además de Emma Roca, que estaba entre las favoritas, y que no encontré). Cenamos pronto y a las 20:30 estaba en la cama, ya que el despertador iba a sonar a las 3am. Pero los nervios hicieron que a la 1am ya estuviera despierto.

Foto: Lorenzo Prieto Saiz con Miguel A. Casarrubios, el otro español del pelotón (a excepción de Emma Roca), justo antes de empezar. 

El 27 de junio a las 5am empezó la carrera. La primera subida es la más larga y hasta el punto más alto de la carrera, The Escarpment, por lo que aconsejan tomárselo con calma. Yo subí a ritmo cómodo acorde a los entrenamientos. Para tener una referencia, pregunto a una mujer con la que iba subiendo en cuánto pensaba terminar, y me dijo que iba a intentar en menos de 20 horas. Resultó que era la famosa Nikki Kimball, ganadora de la WSER en 3 ocasiones y que iba a completar su WS número 10, finalmente en algo más de 22 horas. Qué privilegio! Y mi objetivo de 24 horas empieza bien!

En la bajada Nikki se lanza y yo decido ir a mi ritmo, ya que de todas formas iba mejor de lo previsto. El sol empieza a subir y se va notando que ya no corre la brisa. Al llegar a Duncan Canyon, km 38, empiezan a ofrecer esponjas para el cuello en los avituallamientos. Estamos por encima de 30 grados y el calor sofoca.

                 Foto: Tras 3 horas de carrera, a las 7a.m. el calor empieza a apretar

La subida a Robinson Flat (km 48) se convierte en mi primer calvario, el calor me provoca una pájara importante, tengo que bajar mucho el ritmo y llego pálido a este punto donde mis padres y mi hermano me esperaban. A pesar de la pájara llego con unos 20 minutos por delante de la barrera de las 24 horas y en torno a la posición 60 de los 371 corredores que empezaron. En esas posiciones los corredores no paraban a descansar o a comer mucho, una costumbre que ya había visto en videos y los tiempos de años previos. Pero yo decido parar con mi gente y recuperar el color de mi cara, lo que me hace bajar al puesto 90 y algo y con mi primer objetivo de 24 horas justito. Pero no me importaba, lo prioritario era acabar y si seguía así no lo iba a conseguir.

Foto: En Robinson Flat, tras la primera pájara importante. 

Así continué hasta Last Chance (km 69,7), justo antes de los famosos y temidos cañones. Llegué con 3 minutos de adelanto a la barrera de las 24 horas pero el calor había hecho ya mella. A partir de ahí la historia fue otra. Esta parte de la carrera es mítica, pude reconocer en la bajada el lugar en que Kilian Jornet demarró para irse de Anton Krupicka y Geoff Roes en 2010 (os recomiendo ver la peli-documental "Unbreakable"). Crucé el puente recién reconstruido con el cartel de “Límite del Puente: 5 corredores o 3 caballos con sus jinetes”. Tras el puente empezó la subida más dura de mi vida a Devil´s Thumb (qué apropiado, el “Pulgar del Demonio”). Un calor de unos 38 grados acabó mermando mis fuerzas y me encontré mareado. Tenía que parar cada 40-50 metros. Me iban pasando corredores que me preguntaban si necesitaba algo. Seguí subiendo mareado y me empezaron a dar arcadas, me tambaleaba. Me paraba. No me entraba nada en el estómago pero bebía por si era deshidratación, no sabía cómo salir de ahí. Eché de menos los bastones que no dejan llevar en esta carrera. Pensé que no llegaba al avituallamiento, y peor aún, tenía a mis padres y mi hermano que me esperaban en Michigan Bluff y no creía que iba a llegar, qué mal rato! Finalmente las arcadas y el mareo se convirtieron en vómito de más de 1 litro de agua, estaba cerca de la cima. Un médico se acercó y me dijo que si me ayudaba tenían que eliminarme, que intentase llegar al avituallamiento. Ya estaba cerca y lo conseguí. Ahí me dieron sopa y me dijeron que no bebiese agua en un rato. No me entraba nada de comer. Sin duda, si no hubiese sido la Western States 100, y si no hubiese tenido a mi gente esperándome, habría abandonado. Nunca lo pasé tan mal. Pero seguí.

Llegó el segundo cañón, bajada de nuevo hasta el río para subir a Michigan Bluff. Estaba muy débil. No tenía fuerzas ni para correr cuesta abajo! Poco a poco empecé a trotar y en el fondo del río pude comer en el avituallamiento de “El Dorado Creek”. Eso hizo que la segunda subida no fuese tan dolorosa como la primera, sólo tuve que pararme una vez por mareos en el camino.

La llegada a Michigan Bluff marcó un punto de inflexión. Mis padres y mi hermano se asustaron al verme, de hecho no pudieron aguantar la emoción por el sufrimiento que veían en mi cara, afortunadamente no lo mostraron delante de mí para no añadir más a lo que llevaba encima. Me animaron. Realmente lo peor había pasado. Ya no importaban las 24 horas, que ya había perdido. Cada vez veía más bonita la hebilla de bronce, y afortunadamente el margen con las 30 horas me permitía poco más que ir andando el resto de la carrera. Además en breve mi hermano se unía como pacer. Probé a comer un producto semisólido del avituallamiento porque no me entraba ningún gel ni nada sólido, era nuevo para mí, pero resultó sentarme bien. Me dio fuerzas. Tenía que seguir! Lo peor había pasado! En Michigan Bluff llegó el otro español, Miguel Ángel, poco después que yo, también sufriendo en los cañones, y haciendo una carrera soberbia con gran tesón.

 Foto: En Michigan Bluff, tras los fatídicos cañones, intentando coger algo de fuerzas 

Desde allí pude correr de nuevo, seguí comiendo ese producto y llegué decente a Foresthill, km 99,8. “Qué pronto llegas Loren! Y con buena cara!” dicen mis padres. Rápidamente Carlos se prepara para unirse hasta el final como Pacer. Serán 61km, de noche sobre todo, la mayor distancia que él habría hecho. Pero se preparó muy bien este año, y no supuso ningún problema para él las casi 11 horas corriendo. A mí me dio la vida, hablamos, reímos, disfrutamos los pasos míticos y toda la atmósfera de la carrera. Yo no volví a sentirme tan mal como en los cañones, tan sólo las piernas me dolían en aumento, pero qué podía esperar!

Cuando llegamos al famoso río Americano, el paso de Rucky Chucky (km 126), nos emocionamos. Este año se cruzaba el río andando, debido al caudal, en vez de en bote. Aun así nos cubrió el agua hasta la cintura. Un agua fría que ya de noche no se agradecía tanto. Cuando llegamos a Green Gate, nos esperaban nuestros padres y pudimos cambiar de zapatillas y calcetines, un alivio.


                                         Foto: Cruzando el American River, km 126

En general, en todos los avituallamientos paramos más tiempo que la media, y si estaban nuestros padres, aún más. No importaba, el objetivo de bajar de 30 horas parecía asequible y así podíamos disfrutar más tiempo de su compañía. Todo iba bien.

Amaneció poco antes de llegar al cruce de la Autopista 49, avituallamiento del km 150. Antes nos había rellenado los bidones en “Brown´s Bar” el crack Hal Koerner, ganador de la WS100 en 2007 y 2009, que estaba humildemente a las 5am sirviendo a los corredores del pelotón con una sonrisa en la cara. Una pena no tener la cámara a mano! Lo de los voluntarios merece mención aparte. Fue la carrera más atenta que jamás he visto. En todos, todos, los avituallamientos, en cuanto apuntaban tu número llegaba un voluntario a ver qué podía hacer por ti, te cogía los bidones y te los rellenaban a la carta, con lo que dijeses. Te traían comida, esponjas, hielo. Todo hasta que decidías irte. Ni en un hotel de lujo! Chapeau para la organización.

Desde la Autopista 49 hasta la meta me sentí fuerte, algo que también me ocurrió al final del UTMB. Adelantamos varios corredores, cruzamos el legendario “No Hands Bridge” (km 156) con mi hermano marcándome un ritmo no acorde con el momento de la carrera. Última subida. Llegamos a Auburn. Qué emoción, estoy llegando a la pista de atletismo final de la carrera con mi hermano, y mis padres esperando a la entrada de la pista!! Sin palabras. Doy la vuelta a la pista mientras el comentarista habla un poco de mí y recuerda a mi mujer, que sufrió toda la preparación y no pudo venir, y a mi equipo de apoyo. Lo conseguí! 26 horas y 36 minutos después, con 3 kilos menos que en la salida, la hebilla era mía! O más bien…nuestra…gracias familia!!


Video: Últimos segundos de la entrada en meta

En la meta con Gordy Ainsleigh, el fundador de la WSER y pionero de las carreras de 100 millas.

Puesto final: 127 de un total de 371 corredores que empezaron, y 254 que terminaron (el 68,5%).

Con mi hermano y Pacer tras recibir la hebilla de bronce.

La bonita hebilla de bronce

lunes, 15 de septiembre de 2014

Ultra-Trail du Mont Blanc (UTMB) 2014

El 30 de agosto de 2014, a las 17:30h, partí de Chamonix (Francia) en la 11ª edición de la UTMB, un ultratrail de 166km y 9600m de desnivel positivo.



Para conseguir la inscripción necesité acumular 7 puntos entre 2012 y 2013 en carreras calificativas según la organización. En mi caso fueron: los 104km de la Calcenada-Vuelta al Moncayo 2012 (3 puntos), los 42km del Trail du Gypaète 2013 (1 punto) y los 80km con 5500m D+ del Ultra Trail del Lago D´Orta 2013 (3 puntos). Tras eso, pude participar en la lotería de plazas de enero 2014 en equipo, junto a mi amigo Ramón, y tuvimos suerte y nos tocó. Finalmente él no pudo ir y me tocó afrontar la carrera sólo, aunque afortunadamente al final no estuve "sólo". 

Tuve el mejor equipo de apoyo/fans: Viajé a Chamonix con mi mujer, Marichu, mi hermano Carlos y mis padres, que no se podían perder este evento ya que son fervientes montañeros, conocedores expertos de los Picos de Europa (entre otros) y que habían hecho recientemente el Tour del Mont Blanc en 7 días, además de haber subido al Mont Blanc sin rodearlo :) Os invito a seguir sus aventuras, rutas, tracks para el GPS y mucho más en MontesdeAsturias.com. Aunque todos ellos pudieron verme, animarme, abrazarme y acompañarme un poco en varios puntos, sólo uno podía ser el "Asistente", el que me daba la ropa en los puntos que se permitía y el que me dio los masajes salvadores, ese fue Carlos.


Hay dos cosas que considero fueron imprescindibles para poder acabar esta aventura, una fue haber ido a reconocer el terreno en dos ocasiones durante el verano (una vez para hacer los 77km de Chamonix-Courmayeur, y otra para hacer los 45km de Courmayeur-Champex Lac) con lo que conocí 2/3 de la carrera. La otra fue el apoyo de mi gente, realmente me dieron fuerzas en los momentos de penuria, tanto porque saber que estaban me animaba a ir al siguiente punto de control, como por la parte técnica, los cambios de ropa y calzado, y los masajes regeneradores. 

Empezó la carrera y empezó a llover en Chamonix (1036m). La gente se puso los chubasqueros (o mejor dicho, chaquetas impermeables y transpirables) pensando que sería pasajero, pero no, esa lluvia fue a más y duró hasta el km 31, Les Contamines, lo que fueron para mí casi 5 horas (4h43m), y las 2 últimas ya de noche. Por el medio la subida a Le Delevret (1739m) de unos 800m que había que tomar con calma por todo lo que venía, y que se subestima por ser la primera, pero es larga y larga...


En Les Contamines fue el primero punto donde vi a toda mi gente...¡qué alegría! Estaba calado hasta los huesos, esa lluvia no había impermeable que pudiese con ella (los milagros con esto no existen), y le dije a Carlos que me quería cambiar toda la ropa, y eso incluyó ropa interior, por supuesto! No me importaba el tiempo de carrera (no me importó en toda la carrera, sólo quería terminarla), miraba el reloj para ver que tenía margen con la barrera horaria, y cuando me acerqué a 1 hora de ella, me fui. Salí de allí seco, enfocando una nueva carrera. No me imagino seguir desde allí con la ropa mojada toda la noche...uff... Paró de llover. Empezaba una noche larga. A mi "crew" no los volvería a ver hasta la mañana siguiente en Courmayeur.


Continuamos hacia el Refugio de Croix Bonhomme (2439m) pasando por La Balme. Una subida dura, pero hacía relativamente buen tiempo (aunque hubo que ponerse la segunda capa) y el haber hecho ese tramo entrenando ayuda mucho. LLego al punto de control de Les Chapieux tras 9h30m y 49km, con 1h45m sobre la barrera horaria. Bien. Hemos recortado. Vamos bien!


Ahora queda una parte muy dura, quizá la más dura, recuerdo lo que me costó el día que la hice entrenando. Lo peor creo que es la combinación de los dos siguientes picos, la Col de la Seigne (2507m) porque parece que nunca se acaba la subida, y la Arête du Mont-Favre (2409m) porque las piernas están muy hinchadas de la anterior y los más de 400m de ésta no te los esperas. En mi caso, el bajón psicológico ya me había dado entrenando, así que me esperaba pasarlo mal y me lo tomé con calma. Fue mejor, pero sufrí igualmente mucho. Entre las dos subidas amaneció, estaba en Lac Combal (1970m). Unas vistas impresionantes del Mont Blanc desde el Arête du Mont-Favre fue la mejor manera de "empezar" el día.


Tras sentarme a descansar y sacarme unas fotos, me dispongo a enfocar la bajada a Courmayeur (1192m), km 77. Suena mi móvil. Era un SMS de Carlos diciendo que ya estaban todos esperándome en Courmayeur. Subidón! Salen fuerzas de la reserva y voy hacia abajo. El tramo de las escaleras justo antes de llegar al pueblo es matador! No debe ser muy bueno para las articulaciones a esas alturas de carrera. El padre de Kilian Jornet aparece entre los árboles sacando fotos.


Tras 16h llego al polideportivo de Courmayeur  (1224m/ km77) donde me estaban esperando todos. Se me debe notar en la cara el cansancio de toda la noche. Dudo realmente si podré subir al Refugio Bertone, pero lo primero es descansar, comer, cambiarme de ropa, y disfrutar de la compañía.


Hace buen día y me visto en modo verano, paso a manga corta, pantalón corto, cambio de zapatillas y calcetines. Como un plato de pasta. Me echo de nuevo vaselina en las zonas de roce. Mi hermano nota que tengo los cuádriceps como piedras y me da una masaje. Él no es masajista pero para mí, en ese momento, es el mejor del mundo. Me desbloquea la hinchazón y cojo ánimos. Me tomo un café (no tuve sueño en toda la noche, pero el bajón puede llegar en cualquier momento). Estoy preparado para seguir. Paso un rato con Marichu y mis padres, que no pueden pasar a la zona "técnica", y tras más de una hora (pero siempre mirando tener 1 hora de margen mínimo con la barrera horaria) salgo de nuevo y quedo con ellos en Arnuva.


Nada más salir de Courmayeur hay una subida de casi 800m hasta el refugio Bertone (1979m). Voy andando y me apoyo en los bastones. El calor empieza a apretar. Hablo con un gaditano y nos entretenemos hasta que no hay fuerzas más que para dar un paso adelante. Me empieza a doler un poco la parte interior de la rodilla izquierda, noto un pequeño pinchazo, pero no le doy importancia. Al llegar al refugio se acaba la parte sombreada por los árboles y el sol pega muy fuerte, parece increíble la lluvia que cayó al comienzo de la carrera. Me tengo que bajar la cremallera de la camiseta hasta el final y echarme agua por el cogote. Me pongo la visera y sigo por un terreno más o menos llano hasta el refugio Bonatti (2015m), propicio para correr, pero la subida anterior me dejó sin fuerzas y apenas puedo hacerlo. Además, el dolor en la rodilla va en aumento y cuando la toco me duele.


En el refugio Bonatti me intento refrescar otra vez por el cuello...qué calor! Y qué pocas fuerzas! En cada punto de avituallamiento me alimento bien, no dejo pasar una aunque no tenga hambre. El próximo punto es Arnuva (1786m), allí me esperan de nuevo todos. La fatiga y el bochorno casi me vence pero me alegró pensar que les veía en un rato, y consigo trotar hasta allí. Llego a las 15:15 a Arnuva, después de 21h45m en las piernas, tengo un margen de 2 horas con la barrera horaria, así que tengo una hora para estar con ellos.


La llegada a Arnuva fue uno de los momentos más emotivos de la carrera. Mi madre se adelantó unos metros y fue la primera persona que veo no corredora en la zona. Empieza a corear mi nombre a gritos, se emociona, me emociono, el resto de la gente empieza a decir mi nombre y animarme también...uff...poco después está el resto de mi gente, y me detengo con ellos un buen rato. Eso fue mejor que cualquier avituallamiento (y eso que allí no me pueden dar nada, no es un punto para el Asistente!).

En Arnuva me duele ya bastante la rodilla, cada vez que la doblo me duele más. Voy a los asistentes sanitarios que me ponen una venda y me dan 1 gramo de Paracetamol para el dolor (será dopping?). Cuando les pregunto si es el menisco me dicen que no, que es fatiga de la rodilla, y que con 95km en las piernas no es una sorpresa. Jeje...


Desde Arnuva, si todo va bien, ya no vuelvo a ver a Marichu, Carlos, papá y mamá hasta Champex-Lac. Eso son casi 30 km, ya por la noche. Ahora toca afrontar una dura subida de más de 700m hasta el punto más alto de la carrera, el Grand Col Ferret (2490m), que marca la frontera con Suiza. Empiezo a andar y la rodilla me duele a rabiar, tras enfriar en la parada cuesta ponerse en marcha. Y lo que me preocupa más, podré terminar con esta rodilla así?


Sorprendentemente, tras calentarla, me encuentro con muchas fuerzas y subo muy bien, adelantando gente incluso. ¡Ya estoy en Suiza! Aprovecho el momento de fuerzas y el buen estado del camino para correr cuesta abajo, y llego a La Fouly (1600m, km108) a buen ritmo tras 25h 39m. Vuelvo a recortar el tiempo que pasé con el médico y familia y me sobran 2h20m sobre la barrera.



Continúo hacia Champex-Lac y se hace de noche. La subida de unos 4km previa al lago son muy engañosos. Afortunadamente yo lo había hecho (y sufrido) en mi segundo entrenamiento en la zona y me acordaba de la pájara que me había entrado. Es que nunca se acaba y viendo el perfil, engaña!

Llego a Champex-Lac (1465m / km 122) tras 29 horas y con 3 h de margen sobre el tiempo límite. Ahí ceno una sopa de fideos, embutido, frutos secos, etc. Me cambio de ropa. La rodilla en todo este trayecto la noté pero sin ser un dolor excesivo. Me tomo otro gramo de paracetamol para el dolor. Intento dormir y me echo en un banco mientras mi hermano me masajea las piernas. No lo consigo.




Estoy cansado pero hay ruido y quizá el propio cansancio también me lo impide. Mi mujer se cuela en la zona de Asistencia, jeje, mientras saludo a mis padres que están fuera sacándome fotos. Tras el descanso vuelvo al camino, al último tercio, a la zona desconocida para mí y la que me decían los corredores durante toda la carrera que es la que hay que temer por su dureza. Camino unos minutos con mi gente. Menuda carrera ellos también, apenas habían dormido 3  horas en todo lo que llevábamos! Aquí Carlos...


Esta segunda noche se me hizo muy dura. La primera subida hasta La Giète (1884m) dura casi 3 horas, sin descanso. Demasiado para las fuerzas que me quedan. Se veía un reguero de luces en la oscuridad cuando miraba hacia arriba, pero tenía que doblar demasiado el cuello, no podía ser verdad...Para colmo mi rodilla parecía que había dicho basta. La subida tenía mucho escalón, mucha piedra grande, y no podía doblarla. Tenía que hacer el impulso con la otra pierna y la mala mantenerla casi recta, qué dolor!! Iba casi cojeando. Simplemente seguía y sufría para que se acabase esa parte.

Llegué a Trient (1303m / km139) tras casi 34h y media, otra vez con 3 horas de margen. Allí me esperaban Marichu y Carlos, ya que mis padres tuvieron que ir a dormir un poco. Pasé por el doctor y me dio otro gramo de paracetamol (3 gramos ya!), no había mucho más que hacer. Me senté a comer con ellos y la rodilla me dolía a rabiar. Luego intenté dormir, ya que tenía sueño, y al tumbarme no podía estirar esa pierna de dolor.  La cara de mi hermano reflejaba la preocupación de la que yo quizá no era consciente. No pude dormir. Un masaje de Marichu, unos ánimos de los dos, y vuelta al camino.


La siguiente subida de 700m a Catogne (2009m) la recuerdo por el sueño que me entró. El terreno no tenía piedras grandes, no había que doblar la rodilla tanto y me venía mejor, pero tenía tanto sueño que me llegué a tambalear a los lados, algo que había visto en otros runners la primera noche y pensé que no podía ser posible, pero sí. Me apoyaba en los bastones, cerraba los ojos unos segundos, me dormía un poco, y seguía. Otra laaarga subida hasta el amanecer (menos mal!). Con la llegada del sol comenzó la bajada y espabilé un poco. Pude trotar, excepto en los pasos algo más técnicos cuando no podía apoyarme sobre la rodilla izquierda. Finalmente llegué a Vallorcine (1263m / km149) donde veo a los cuatro todavía desde lo alto. De nuevo todos! Han pasado más de 38h y tengo 2h 30m de margen para descansar y hablar. Como mientras Carlos me masajea, le digo que tengo que intentar dormir, que me despierte a los 15min, y me siento con la cabeza apoyada en la mesa. Parece que me dormí 7 minutos, ni más, ni menos, pero esos "microsueños" me resultaron revitalizadores!

Salgo de allí bastante despierto. Me tomo un gel que creo que me salvó la vida luego. Vuelvo a ver a mi gente 4 km más tarde en la Col des Montets, un punto de paso accesible al público pero que no tenía avituallamiento ni nada, simplemente es el punto de partida para la temida subida a la Tête aux Vents (2116m).


Todo el mundo me habló horrores de esa subida durante la carrera. Se veía un zigzag en la montaña y una línea de runners con sus últimas fuerzas afrontándola. Son casi 900m de subida desde Vallorcine en tan sólo 8 km!



No sé si fueron los microsueños, o el gel que me tomé, o los ánimos de mi gente, o saber que era el último gran esfuerzo, o todo, pero realmente no tuve muchos problemas en esta parte final de la carrera hasta Chamonix. Adelanté bastante gente en la subida. La rodilla me dolía pero lo tenía asumido. Me encontraba con fuerzas. Y una vez arriba, intenté trotar lo más posible en la bajada final, me sentía fuerte!


Seguí adelantando gente de ahí hasta la meta, más de 100 personas desde Vallorcine! Al entrar en Chamonix, una mezcla de sensaciones me invadió tras toda esta aventura. Quería ver a mi gente otra vez, y quería bajar de 43 horas, no como objetivo inicial, que era sólo terminar, si no porque quedaban pocos minutos para esa meta y parecía factible.

Entre la multitud de gente animando en Chamonix, veo a Marichu, a mi madre, mi padre y a Carlos, todos gritando, sacando fotos y vídeos. Se ponen a correr conmigo, mi padre me sigue grabando desde atrás y el resto toma un atajo hacia la meta y les veo ya entrando. Entro con todos...qué emoción! Lo conseguí!! 42 horas y 55 minutos. Increíble!!!

Aquí se ven mis cuatro acompañantes...


Así fue la carrera, o como yo la llamo, la aventura más inolvidable que he hecho hasta ahora, y no veo nada fácil superarlo. Ya llevo varias maratones y ultras por todo el mundo, tanto de asfalto como de trail, pero lo vivido estos dos días, teniendo a mi gente cerca y siendo parte de la hazaña, es difícil de repetir. Esta Epoyeya fue gracias a todo el grupo...GRACIAS...XXX